Dos emprendedores apostaron por los bioinsumos en Lobos y hoy lideran una planta modelo con producción nacional, inversión propia y visión de futuro.
Lo que empezó como una charla informal en 2016 entre Rafael Jurado y Matías Lopresto terminó convirtiéndose en Biofilm, una empresa de bioinsumos con base en Lobos que hoy cuenta con una planta de 4.800 metros cuadrados, una línea de producción en expansión y una proyección que desafía incluso a las grandes multinacionales.
Ambos venían del rubro de las semillas y compartían una pasión por los productos biológicos. Tras conocerse por un amigo en común, decidieron unir fuerzas y desarrollar su propia marca. Comenzaron formulando inoculantes y promotores de crecimiento, con la meta clara de crear valor desde el conocimiento local y con una inversión 100% argentina. Su primer nombre comercial fue «Global Agro», pero una situación legal con otra empresa los llevó a adoptar «Biofilm«, una marca que finalmente encajó con su visión.
La evolución fue vertiginosa. En 2021 adquirieron un terreno sobre la Ruta 41, cerca de la ciudad de Lobos, y comenzaron a construir una planta que hoy está a punto de ser inaugurada formalmente. Allí producen bioinsumos líquidos y en polvo, con envases adaptados a diferentes escalas de siembra. Además, incorporaron una línea de fertilizantes microgranulados, una tendencia incipiente en la agricultura argentina que permitirá integrar biológicos en la nutrición de los cultivos desde el arranque.
En este camino se sumó Danilo Bianchi, como socio especializado en el área comercial. Juntos invirtieron más de 10 millones de dólares, mayormente reinvirtiendo sus ganancias, en un proyecto que combina ciencia, innovación y una fuerte convicción en el desarrollo local. También están trabajando en el diseño de un polo tecnológico para que investigadores puedan escalar desarrollos vinculados a bioinsumos.
En un mercado donde los agroquímicos aún dominan, pero con una creciente demanda de prácticas más sostenibles, Biofilm representa una apuesta por una agricultura con menor impacto ambiental, mayores niveles de eficiencia y fuerte base científica. Su historia no es solo la de una empresa: es el reflejo de un nuevo paradigma que gana terreno en el campo argentino.



