Panamá, El Salvador y Honduras adoptaron medidas ante una sequía que amenaza la producción agropecuaria, los pastizales y las reservas de agua de la región.
El avance del fenómeno de El Niño encendió las alertas climáticas en Centroamérica ante una prolongada sequía que comienza a comprometer la producción agropecuaria y la disponibilidad de agua. Frente a este escenario, distintos países de la región pusieron en marcha medidas de emergencia y planes para afrontar las consecuencias económicas y sociales.
Panamá oficializó la declaración de emergencia nacional, mientras que El Salvador activó una alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo su territorio. Honduras, por su parte, mantiene una alerta roja en 75 municipios, reflejando la magnitud que adquirió el déficit hídrico en diferentes puntos de Centroamérica.
La situación de Panamá presenta además un desafío particular: 11 cuencas hidrográficas atraviesan un severo estrés hídrico y las autoridades siguen con atención la evolución de los embalses vinculados con la operación del Canal de Panamá. Ante la posibilidad de un evento prolongado, se analizan anticipadamente medidas para administrar las reservas durante la estación seca.
En El Salvador, el escenario también es complejo. Según lo informado, el país acumuló 19 días secos consecutivos desde el 7 de agosto y registró 14 récords de temperatura durante ese mes. Además, los pronósticos anticipan precipitaciones por debajo de los valores históricos al menos hasta octubre.
La falta de lluvias representa una amenaza directa para los rendimientos agrícolas, pero sus consecuencias también alcanzan a la ganadería. El deterioro de los pastizales reduce la disponibilidad de alimento para los animales, mientras que la caída de las reservas hídricas genera preocupación por el abastecimiento de agua para consumo humano.
Frente a la posibilidad de que los efectos de El Niño se prolonguen y alcancen una fuerte intensidad, los gobiernos centroamericanos comenzaron a articular planes de contingencia. El objetivo es anticiparse a un escenario climático que podría profundizar sus consecuencias sobre la agricultura, la ganadería y la disponibilidad de recursos hídricos en la región.
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