Aunque puede provocar excesos de agua, el fenómeno también favorece los rendimientos, la producción de pasturas y la recuperación de reservas hídricas en distintas regiones.
El fenómeno de El Niño suele relacionarse con lluvias intensas, inundaciones y otros eventos extremos. Sin embargo, especialistas advierten que también puede generar condiciones favorables para la producción agropecuaria y la recuperación de las reservas de agua en amplias zonas de la Argentina.
Por un lado, los años Niño requieren reforzar la prevención en cuencas, áreas bajas y sectores vulnerables ante la posibilidad de excesos hídricos. La identificación de las zonas de mayor riesgo y la difusión de información adecuada resultan fundamentales para reducir el impacto de las lluvias abundantes sobre las poblaciones y los sistemas productivos.
Al mismo tiempo, la mayor disponibilidad de agua suele impulsar el crecimiento de pasturas y pastizales, además de disminuir la probabilidad de déficits durante el verano. En la agricultura, estas campañas suelen presentar rendimientos elevados en importantes regiones productivas, lo que permite evaluar estrategias de manejo orientadas a expresar el potencial de los cultivos.
El aumento de las precipitaciones también representa una oportunidad para territorios que habitualmente padecen escasez hídrica. En regiones como el Gran Chaco, las lluvias permiten recargar humedales, reservorios naturales y napas, asegurando agua para la producción ganadera, los animales y las familias rurales.
En algunos episodios, especialmente cuando El Niño se forma de manera temprana, también aumenta la probabilidad de nevadas abundantes en sectores de la Cordillera. La acumulación de nieve contribuye posteriormente al abastecimiento de ríos, acuíferos y sistemas productivos que dependen del agua de deshielo en las regiones áridas y semiáridas del país.
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