Tras recuperar el estatus de país libre de influenza aviar, el SENASA insta a reforzar las medidas de bioseguridad en las granjas comerciales para reducir riesgos y proteger la producción.
La influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP) continúa siendo una de las principales amenazas sanitarias para la actividad avícola a nivel mundial. Su rápida capacidad de propagación puede generar importantes pérdidas productivas, afectar el bienestar animal y comprometer el acceso a mercados internacionales debido a las restricciones sanitarias que suelen aplicarse ante la detección de focos.
En este contexto, y luego de que Argentina recuperara oficialmente su condición de país libre de la enfermedad ante la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) reforzó el llamado a productores y responsables de establecimientos avícolas para mantener y fortalecer las medidas de bioseguridad en las granjas.
El organismo recordó que el virus puede transmitirse tanto por contacto directo entre aves infectadas como de manera indirecta a través de vehículos, herramientas, equipos, ropa de trabajo o elementos contaminados. Además, las aves silvestres, especialmente las especies acuáticas migratorias, constituyen uno de los principales reservorios naturales del virus y representan una vía potencial de ingreso a los sistemas productivos.
Entre las acciones recomendadas se destacan la inspección periódica de las mallas antipájaros, la limpieza y desinfección de instalaciones, vehículos y equipos, el control estricto de ingresos al establecimiento y la eliminación de zonas con agua estancada que puedan atraer aves silvestres. También se recomienda garantizar el uso adecuado de los elementos de protección personal y evitar su circulación entre diferentes sectores de producción.
La vigilancia permanente constituye otro de los pilares fundamentales para prevenir la enfermedad. Desde el SENASA remarcaron que cualquier sospecha debe ser comunicada de inmediato para facilitar una rápida intervención sanitaria. Entre los principales signos de alerta figuran aumentos inusuales de mortandad, disminución del consumo de alimento, síntomas respiratorios, neurológicos o digestivos, caída en la postura de huevos y alteraciones físicas como coloración azulada en crestas, barbillas o patas.
La detección temprana resulta clave para preservar el estatus sanitario alcanzado por el país y sostener la competitividad de la cadena avícola. Por ello, el organismo sanitario insiste en que la bioseguridad debe formar parte de la rutina diaria de cada establecimiento, ya que la prevención continúa siendo la herramienta más efectiva para evitar el ingreso y la diseminación del virus en las granjas comerciales.



