La experiencia de la familia Tibaldi, en el centro-oeste de Santa Fe, demuestra cómo la integración entre agricultura y ganadería permitió construir un sistema más productivo, resiliente y sustentable.
Lo que hoy se conoce como agricultura regenerativa o cultivos de servicios comenzó, para la familia Tibaldi, mucho antes de que esos conceptos se popularizaran. En su establecimiento cercano a Sastre, Santa Fe, las decisiones se fueron tomando de manera gradual, guiadas por la observación y la búsqueda de un sistema más eficiente. Tres décadas después, esa visión les permite producir granos, leche y, al mismo tiempo, generar condiciones para capturar carbono y mejorar la salud del suelo.
Juan Cruz Tibaldi, ingeniero agrónomo y productor de Aapresid, explica que el verdadero cambio no fue la incorporación de una práctica puntual, sino la construcción de un sistema donde agricultura y ganadería funcionan de manera integrada. Rotaciones, cultivos de servicios, pasturas, cosecha y pastoreo dejaron de ser actividades independientes para complementarse y potenciarse entre sí, reduciendo la dependencia de insumos externos y fortaleciendo el funcionamiento natural del establecimiento.
Los cultivos de servicios ocupan un lugar estratégico dentro del planteo productivo. Gramíneas, leguminosas y mezclas de especies cumplen funciones específicas según las características de cada lote, aportando cobertura, mejorando la estructura del suelo y favoreciendo el reciclado de nutrientes. En paralelo, el pastoreo controlado permite aprovechar esa biomasa sin perder los beneficios sobre el suelo, mientras la producción lechera se integra al sistema mediante pasturas con alfalfa y silajes de maíz.
Uno de los mayores aprendizajes estuvo relacionado con el manejo del agua. Según Tibaldi, durante muchos años se creyó que los cultivos de servicios competían por la humedad disponible. Sin embargo, la experiencia y las mediciones demostraron que estos cultivos mejoran la infiltración, aumentan la capacidad de retención y permiten administrar mejor el recurso hídrico, contribuyendo a estabilizar los rendimientos incluso en campañas climáticamente complejas.
Con el paso del tiempo también comenzaron a evidenciarse otros beneficios. Los suelos ganaron estructura, los rindes se volvieron más estables y las mediciones de la Red de Carbono de Aapresid confirmaron un mayor secuestro de carbono gracias al aporte constante de biomasa. Para Tibaldi, ese resultado nunca fue un objetivo en sí mismo, sino la consecuencia natural de un sistema que prioriza la salud del suelo. «No existen recetas universales», resume el productor, convencido de que la mejora continua, la observación y la capacidad de adaptación seguirán siendo las herramientas más valiosas para afrontar los desafíos de la producción agropecuaria.
Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a0dfea8bf363b3159ea63e0


