Xavier Marcet planteó en el Congreso CREA Sudoeste 2026 que las empresas deben combinar rentabilidad, talento y valores, con las personas como protagonistas de la estrategia.
En un escenario empresarial marcado por la tecnología, las métricas y la búsqueda permanente de eficiencia, poner nuevamente a las personas en el centro aparece como uno de los principales desafíos de gestión. Así lo planteó Xavier Marcet, consultor español especializado en estrategia e innovación, durante su participación remota en el Congreso CREA Sudoeste 2026.
Marcet diferenció el concepto de negocio del de empresa. Mientras el primero tiene como objetivo central generar rentabilidad, definió a la empresa como una comunidad de personas que comparte un propósito y busca crear valor económico, pero también construir un recorrido entre los valores que le dieron origen y el legado que pretende dejar.
“La fórmula de una empresa es muy sencilla: vender con margen, producir eficientemente y cobrar lo antes posible. Llevarla a cabo, en cambio, no es fácil”, expresó. En ese sentido, sostuvo que las urgencias cotidianas no deberían impedir que las organizaciones mantengan una visión de largo plazo.
De los grandes planes a la claridad estratégica
Frente a los extensos planes estratégicos que muchas veces terminan archivados, Marcet propuso trabajar sobre la “claridad estratégica”. El concepto implica que una organización pueda explicar de manera sencilla hacia dónde se dirige y cuáles son sus prioridades, evitando procesos que agreguen complejidad sin aportar resultados.
Para el especialista, la estrategia se concreta a través de las personas. Bajo esa premisa, también cuestionó aquellas dinámicas incorporadas por rutina dentro de las organizaciones. “No convoquemos a ninguna reunión si no es para aprender o para decidir. Convocar reuniones es un automatismo; desconvocar reuniones es un arte”, señaló.
Talento, rendimiento y calidad humana
Otro de los ejes estuvo puesto en la gestión del talento. Marcet sostuvo que las empresas deberían buscar profesionales que combinen capacidad y rendimiento con calidad humana. En ese marco, destacó especialmente a quienes son capaces de crecer profesionalmente mientras contribuyen al desarrollo de sus compañeros.
También valoró a los colaboradores confiables y positivos que aportan consistencia al equipo, así como a aquellas personas con buenas cualidades humanas que todavía necesitan acompañamiento para desarrollar experiencia o determinadas capacidades.
En contraste, advirtió sobre el impacto que pueden generar los profesionales con compromiso intermitente o actitudes que deterioran la convivencia. Para Marcet, construir una cultura empresarial sólida requiere prestar tanta atención a las capacidades profesionales como a la forma en que cada integrante se relaciona y contribuye al conjunto.
Inteligencia artificial y pensamiento crítico
El avance de la inteligencia artificial también ocupó un lugar central en su presentación. Marcet advirtió que incorporar estas herramientas no debería significar dejar de pensar, sino precisamente reforzar el criterio y el pensamiento crítico dentro de las organizaciones.
Según explicó, si todas las empresas recurren a la inteligencia artificial para obtener respuestas similares, la diferenciación será cada vez más difícil. Allí cobrarán mayor importancia los “trabajadores del pensamiento”: personas capaces de interpretar, cuestionar, decidir y aportar una mirada propia.
La automatización también obligará a revisar funciones y responsabilidades. Por eso, Marcet destacó la versatilidad como una capacidad estratégica para que los trabajadores puedan asumir nuevos roles cuando determinadas tareas operativas sean absorbidas por la tecnología.
Liderar también es preparar a quienes siguen
Durante la conversación, acompañada por la especialista en gestión de equipos Ana Clara Darayo, Marcet profundizó en las características del liderazgo humanista. Entre ellas, destacó la capacidad de los líderes para formar posibles reemplazos, delegar responsabilidades y promover que los problemas lleguen acompañados de propuestas de solución.
El desafío se vuelve especialmente relevante frente a los cambios generacionales. Para el consultor, las organizaciones necesitan conservar la filosofía y los valores construidos por sus fundadores, pero sin quedar atadas a las mismas formas de hacer las cosas cuando el contexto exige nuevas respuestas.
Marcet sostuvo además que una empresa sostenible debe buscar un equilibrio entre clientes, proveedores, trabajadores, rentabilidad y accionistas. Desde esa perspectiva, la gestión humanista no implica relegar los resultados económicos, sino combinarlos con responsabilidad, empatía y valores.
“Sin pasión no pasa nada, pero sin compasión no somos nada”, sintetizó Marcet. Una definición que resume su propuesta: construir organizaciones rentables y exigentes, pero capaces de entender que detrás de cada estrategia, innovación y resultado siempre hay personas.



