Grupo La Zulema redefinió su estrategia para intensificar la producción. Sumó riego, agricultura de precisión y manejo por ambientes para reducir brechas de rendimiento.
Planificar el crecimiento, incorporar tecnología y buscar nuevos techos de rendimiento fueron los objetivos que llevaron al Grupo La Zulema, integrante del CREA Ranqueles, a redefinir su estrategia productiva. El proceso comenzó en 2021 y derivó en inversiones en riego, infraestructura, agricultura de precisión y manejo por ambientes.
La empresa familiar, con base en Río Cuarto, Córdoba, desarrolla agricultura en campos propios y alquilados, además de un sistema ganadero de ciclo completo en el sur de Santiago del Estero. Actualmente maneja unas 5.300 hectáreas ganaderas y siembra alrededor de 11.200 hectáreas entre diferentes cultivos, de las cuales unas 8.000 corresponden directamente a su organización.
Su rotación incluye girasol, sorgo, trigo, maní, soja y una importante participación de maíz. La estrategia apunta a evitar la sucesión de soja sobre soja y sostener una agricultura de alta productividad, pero con el cuidado del suelo como uno de sus principales criterios de manejo.
Un plan para ordenar el crecimiento
El punto de inflexión llegó en 2021, cuando los integrantes de la familia participaron del Programa de Dirección de Empresas Agropecuarias (PDEA) de CREA. A partir de esa experiencia elaboraron un plan estratégico a cinco años que permitió establecer prioridades para una nueva etapa de expansión.
“Veníamos creciendo mucho en agricultura, ganadería y alquileres, y sentimos que era el momento de parar la pelota y hacer un plan”, explicó Ernesto Manassero, presidente de la firma. Entre los objetivos definidos estuvieron intensificar la producción, incorporar tecnología, ampliar infraestructura, fortalecer los equipos de trabajo, comprar tierras e invertir en riego.
Desde entonces profundizaron la ambientación de lotes, los análisis de suelo, la sistematización del agua y la agricultura de precisión. También incorporaron equipos de riego por pivote y comenzaron a alquilar establecimientos que ya contaban con esa tecnología.
Actualmente poseen unas 700 hectáreas bajo riego entre campos propios y arrendados. El próximo paso será evaluar la incorporación de riego por goteo enterrado en un establecimiento propio donde la forma irregular de los lotes y la presencia de líneas de monte dificultan la utilización de pivotes.
Riego para buscar nuevos techos
La incorporación del riego tuvo como primer objetivo reducir la brecha entre los rendimientos alcanzados y el potencial de cada ambiente. Además, permitió avanzar hacia planteos más intensivos y disminuir la dependencia de precipitaciones que pueden variar considerablemente entre campañas.
En un establecimiento ubicado en Olaeta, cerca de Río Cuarto, la empresa instaló un sistema de pivote sobre suelos arenosos, bien drenados y con influencia de napa entre 1,5 y 1,8 metros. En secano, esos ambientes ya registraban rendimientos promedio de entre 10.300 y 10.500 kg/ha de maíz, además de 3.900 kg/ha tanto en trigo como en soja de segunda.
A pesar de esos resultados, el objetivo fue explorar un escalón productivo superior. Con el nuevo esquema, La Zulema logró superar los 8.500 kg/ha de trigo y acercarse a los 16.000 kg/ha de maíz durante la última campaña.
“El riego por sí solo no sirve”, remarcó José Bisio, gerente de Producción Agrícola. La estrategia se complementa con genética, nutrición, agricultura de precisión y manejo variable de insumos de acuerdo con el potencial de cada ambiente.
Más producción, nuevos desafíos
La intensificación también generó problemas que obligaron a revisar algunas prácticas. Uno de ellos fue el incremento de los residuos de cosecha, especialmente después de trigo, que puede dificultar y retrasar la implantación de soja de segunda.
Según Manassero, ese atraso llegó a generar diferencias importantes entre campañas, con rendimientos de soja de segunda que oscilaron entre 2.500 y 4.500 kg/ha. Para enfrentar el problema, la empresa ensaya alternativas como confección de rollos, labores mecánicas y cambios en los cultivos de invierno.
Entre las opciones comenzaron a evaluar colza, que puede cosecharse aproximadamente un mes antes que el trigo y deja una menor cantidad de cobertura. Esto permitiría anticipar y facilitar la implantación del cultivo de segunda.
El riego también exige controlar posibles cambios físicos y químicos en los suelos. Por ese motivo, la empresa monitorea hasta 60 centímetros de profundidad variables como conductividad eléctrica, pH y sodio intercambiable, además de evaluar periódicamente la calidad del agua utilizada.
Eficiencia para cada milímetro
El costo operativo del riego, sin considerar la amortización de los equipos, se ubica entre 0,60 y 0,90 dólares por milímetro aplicado. La conveniencia económica depende en gran medida de las condiciones de cada campaña: cuando las lluvias acompañan al secano, la diferencia se reduce, mientras que en años secos el aporte del riego adquiere mayor peso sobre el margen.
De todos modos, el 93% de la agricultura de la empresa continúa realizándose en secano. Por eso, una campaña con mayores precipitaciones también representa un escenario favorable, ya que mejora las condiciones de la mayor parte de la superficie y reduce la cantidad de agua que debe aplicarse mediante riego.
Para optimizar ese recurso, La Zulema utiliza una plataforma que combina datos de evapotranspiración, imágenes de los cultivos, estaciones meteorológicas y mediciones de humedad del suelo. Con esa información determina cuándo y cuánto regar, buscando que cada aplicación responda a las necesidades reales del cultivo.
Cinco años después de comenzar el proceso de planificación, la estrategia continúa orientada a intensificar sin perder eficiencia. El desafío pasa ahora por seguir reduciendo las brechas de rendimiento, optimizar el uso del agua y adaptar el manejo agronómico a sistemas cada vez más productivos.



