CREA evaluó sistemas de cría y recría de Corrientes y detectó diferencias de hasta 39% en la huella de carbono. La eficiencia productiva aparece como una de las principales claves.
Producir más eficientemente también puede significar generar menos emisiones por cada kilo de carne. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio realizado por CREA en sistemas ganaderos de cría y recría de Corrientes, cuyos resultados fueron presentados durante una jornada técnica organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en Goya.
El trabajo pone el foco en la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), indicador que relaciona las emisiones totales de un sistema con los kilos de carne producidos y se expresa en kilogramos de dióxido de carbono equivalente por kilo de carne.
“La cuestión climática no debe percibirse como un obstáculo para el sector, sino como una oportunidad de posicionamiento estratégico”, explicó Pablo Cañada, analista del área de Ambiente de CREA y coordinador del proyecto Ganadería Posible. El especialista destacó que países competidores como Uruguay y Brasil llevan años desarrollando programas vinculados con sostenibilidad y medición de la huella de carbono.
El Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios de CREA analizó sistemas representativos de cría y recría de Corrientes. Para Luis María Arias Usandivaras, quien coordinó la iniciativa junto con Diana de Salazar, el propósito fue identificar de dónde provienen las emisiones, determinar el peso de cada fuente y conocer qué decisiones de manejo pueden modificar los resultados.
Ocho sistemas bajo análisis
El estudio contempló cinco modelos productivos teóricos y tres establecimientos reales de Corrientes. Los primeros fueron construidos a partir de promedios técnicos regionales y validados por especialistas y referentes CREA, utilizando una misma carga de 0,6 equivalentes vaca por hectárea para facilitar las comparaciones.
La base alimenticia de todos los modelos fue el campo natural. En los sistemas de cría, una de las principales diferencias estuvo determinada por la eficiencia reproductiva: la preñez pasó del 80% al 90% y el destete del 71% al 80%, manteniendo la misma alimentación.
En los modelos de recría, en cambio, se modificó la cadena forrajera. Un animal que ingresaba con 180 kilos terminaba con 280 kilos alimentándose solamente con campo natural, mientras que podía alcanzar los 335 kilos cuando recibía concentrado durante el invierno o pastoreaba un verdeo de raigrás.
Para determinar la huella se tuvieron en cuenta las emisiones generadas por la fermentación entérica, las excretas del rodeo, las pasturas y fertilizantes, el balance de carbono del suelo y el consumo de insumos y combustibles. También se relevaron datos reproductivos, mortalidad, ganancias de peso, composición de las dietas, suplementación y características de la base forrajera durante una campaña completa.
Hasta 39% de diferencia entre sistemas
Los resultados mostraron que la huella de carbono osciló entre 13,6 y 18,9 kg de CO2 equivalente por kilo de carne. La brecha entre los extremos alcanzó así el 39%, aun cuando se trataba de planteos ubicados en una misma región y con características productivas relativamente similares.
Uno de los aspectos destacados fue que emitir más gases por hectárea no necesariamente implica una mayor huella por kilo de carne. Dos de los sistemas de recría intensificados alcanzaron emisiones de 2.359 y 2.075 kg de CO2 equivalente por hectárea, pero produjeron alrededor de 152 kilos de carne por hectárea y registraron huellas de 15,5 y 13,6 respectivamente, entre las más bajas del estudio.
“El tipo de planteo no define la huella: hay sistemas de cría y de recría en los dos extremos del rango. No es cría contra recría: son sistemas eficientes contra sistemas que no lo son”, explicó Arias Usandivaras.
La eficiencia de stock apareció como una de las variables centrales. Mientras las existencias se ubicaron entre 199 y 263 kilos de peso vivo por hectárea, la eficiencia de stock presentó un rango mucho más amplio, de entre 27% y 58%. En los ocho casos analizados, una mayor eficiencia estuvo asociada con una menor huella de carbono por kilo producido.
Producir mejor para reducir la huella
Entre el 55% y el 73% de las emisiones registradas provino de la fermentación entérica. Al incorporar el metano generado por las excretas, este gas representó entre el 57% y el 75% del total. En comparación, el peso de los combustibles, fertilizantes y alimentos concentrados fue reducido en los sistemas evaluados.
El estudio también mostró la importancia de mejorar la calidad del forraje. Una alimentación de mayor calidad permite obtener más kilos de carne y, al mismo tiempo, reducir la proporción de energía que el animal pierde en forma de metano, mejorando así la eficiencia del sistema.
En los planteos de cría, la mejora de los índices de preñez y destete aparece entre las herramientas de mayor impacto. A estas variables se suman la sanidad del rodeo, el acceso al agua, el apotreramiento, el manejo de la lactancia, la calidad de la dieta y la edad de entore.
La principal conclusión del trabajo es que muchas de las prácticas capaces de reducir la huella por kilo de carne coinciden con aquellas utilizadas para mejorar los resultados productivos. “Ninguna de estas es una práctica ambiental: son las mismas que ya se recomiendan para producir mejor”, resumió Arias Usandivaras.



