El consultor Santiago Tiscornia explicó en una jornada CREA cómo aplicar la IA en tareas cotidianas del campo: desde digitalizar planillas en fotos hasta crear agentes sin saber programar.
La adopción de herramientas de inteligencia artificial en el sector agropecuario exige comprender tanto su potencial técnico como sus limitaciones inherentes. Durante una jornada técnica organizada por la región CREA Este en General Belgrano, el consultor y asesor CREA Santiago Tiscornia remarcó una premisa fundamental: la IA tiene la capacidad de crear, procesar y ejecutar tareas, pero la dirección y la validación final del trabajo siempre corresponden al criterio humano.
Para ordenar su adopción práctica, el especialista clasificó el uso de estas tecnologías en cinco niveles graduales: las consultas directas en chats para dudas puntuales; los proyectos estructurados para conservar archivos y contexto; los asistentes personalizados para procesos repetitivos; el desarrollo de aplicaciones descriptivas mediante lenguaje natural (vibe coding); y los agentes autónomos con acceso directo a sistemas operativos y bases de datos.
A modo de ejemplo concreto, Tiscornia presentó la digitalización de planillas manuscritas de manga a partir de fotografías tomadas con el celular. Mediante instrucciones precisas, el sistema convirtió registros complejos de 600 animales en una base estructurada de Excel, detectó pesadas dobles y generó reportes de inconsistencias para su revisión humana. Del mismo modo, expuso asistentes diseñados para calcular el óptimo económico de fertilización según costos y dosis, así como tableros interactivos para simular esquemas de capitalización ganadera.
Finalmente, el asesor destacó que las empresas agropecuarias no necesitan desarrolladores expertos para dar los primeros pasos. La frontera tecnológica actual permite coordinar agentes capaces de procesar controles lecheros y armar paneles web de monitoreo en cuestión de minutos. Sin embargo, advirtió que ninguna herramienta puede sustituir los registros confiables ni el diseño previo de procesos: ordenar los datos y saber delegar con método sigue siendo la verdadera clave para generar valor.



