Especialistas de Aapresid detallaron los cinco desajustes más frecuentes en la puesta a punto de los equipos y recordaron que una mala regulación puede restar hasta 600 kg/ha.
La calibración previa a la siembra es una instancia clave para asegurar que lo definido en la planificación (población, distribución y profundidad) ocurra en el lote. Desde el Programa Aapresid Certificaciones advierten que durante esta tarea hay errores comunes que pasan desapercibidos en la vorágine de la logística y que tienden a repetirse campaña tras campaña.
Esto tiene un costo oculto: invertir en semilla de calidad, planificar la operación y concretarla en el mejor momento, para luego perder kilos por hectárea por cuestiones básicas como una mala nivelación o singulación de la máquina.
Contar con protocolos simples tipo check-list permite convertir la calibración en una rutina: qué revisar, qué valores controlar, qué ajustes hacer según el tamaño de semilla y la velocidad de trabajo y cómo verificar el resultado.
Los cinco errores más comunes
El Ing. Lisandro Repetto, de la cátedra de Maquinaria Agrícola de la FCA-UNR y coordinador de la Red de Compactación CERO de Aapresid, advierte sobre cinco aspectos que hacen la diferencia.
1) Nivelación longitudinal del equipo. Asegura que los órganos de trabajo más cercanos y más lejanos al tractor operen a profundidad similar. Con el equipo mal nivelado, la transferencia de carga es errática y la profundidad de siembra queda desuniforme, con emergencias desparejas y menos rinde, sobre todo en maíz.
“Semillas ubicadas a distinta profundidad quedan expuestas a diferentes condiciones de humedad y temperatura y emergen en momentos diferentes”, resume Repetto.
2) Rastrojo, temperatura y emergencia. El rastrojo en la línea de siembra genera diferencias de temperatura en el suelo, que impactan en la germinación. El barre-rastrojo despeja la línea y homogeniza las condiciones para lograr una emergencia pareja.
3) Dosificación: velocidad, vacío y semilla. En sembradoras neumáticas, el objetivo es la singulación: una semilla por celda, con espaciamiento uniforme. Tamaño de semilla, velocidad, nivel de vacío y alimentación interactúan: “Si se modifica uno de estos factores, es necesario revisar los demás”, asegura el especialista.
El talco o el grafito mejoran la fluidez de la semilla, y un vacío excesivo no mejora el resultado: aumenta el desgaste de sellos y componentes. En los sistemas mecánicos, la clave es la relación entre el tamaño de la semilla y el de los orificios de la placa.
Una mala singulación genera “dobles” (dos semillas por orificio) y “fallas” (orificios sin semilla). Coeficientes de variación superiores al 18% pueden implicar pérdidas de hasta 600 kg/ha. Otro error común es no contar con el manual de la sembradora ni usarlo como referencia.
4) No “arrodillarse” lo suficiente. No alcanza con confiar en la tabla del fabricante: hay que corroborar que la densidad y el distanciamiento planificados sean los que se ven en el lote. La cantidad de metros a revisar debe guardar relación con la densidad: si una placa tiene 30 perforaciones, una vuelta debería representar 30 semillas, lo que en maíz a cuatro semillas por metro implica observar unos 7,5 metros. En soja, uno o dos metros pueden bastar.
5) El desgaste también se calibra. Una cuchilla demasiado gastada obliga a aumentar la profundidad de trabajo y afecta la formación del fondo del surco y la ubicación de la semilla. La recomendación es concreta: no debería clavarse más allá de dos tercios de su radio original.
“Si para alcanzar la profundidad buscada es necesario superar ese límite, puede ser señal de que llegó el momento de reemplazarla o de que las condiciones no son adecuadas para sembrar”, concluye Repetto.
Revisar nivelación, rastrojo, dosificación, densidad real y desgaste antes de sembrar es la forma más simple de evitar pérdidas de rinde que se repiten cada campaña.
FUENTE: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6ac4ee50bf363b31593ee01a



