Un estudio del CONICET y RG Malezas detectó resistencia cruzada en poblaciones bonaerenses de Hirschfeldia incana frente a activos que ni siquiera se habían aplicado en el lote.
La resistencia a herbicidas es uno de los desafíos para el manejo de Hirschfeldia incana, conocida como nabillo o mostacilla, una maleza de la familia de las Brasicáceas presente en distintas regiones agrícolas argentinas.
Un estudio reciente avanzó en esta línea al caracterizar el mecanismo de resistencia a inhibidores de la ALS y evaluar su alcance: se confirmó resistencia cruzada a nueve herbicidas de cinco familias químicas.
Una resistencia con antecedentes
La resistencia de H. incana a herbicidas ya había sido documentada en el país. En 2015, Vigna y Mendoza reportaron una población del sudoeste bonaerense sospechosa de resistencia a metsulfuron-metil, que mantenía sensibilidad normal a glifosato.
En 2017 se informó resistencia acumulada a metsulfuron-metil y 2,4-D en un biotipo de la misma región. En Córdoba, en 2018, se confirmó resistencia a glifosato y 2,4-D en poblaciones de la zona de Oncativo y de los departamentos Río Segundo y Tercero Arriba.
Estos antecedentes muestran que los perfiles de resistencia varían entre poblaciones: una alternativa eficaz en un lote no necesariamente tendrá el mismo resultado en otro.
El estudio de 2026
El trabajo fue publicado por Marcos Yanniccari (CONICET-CEI Barrow) y Ramón Gigón (RG Malezas). Los investigadores estudiaron dos poblaciones de H. incana de Tres Arroyos y Trenque Lauquen, recolectadas en lotes de trigo y sospechadas de resistencia a metsulfuron-metil por los asesores Alejandro Duvieilh y Joaquín González.
Los ensayos de dosis-respuesta confirmaron resistencia cruzada a los nueve herbicidas evaluados. Los índices de resistencia se ubicaron entre 10 y 31,6 veces respecto de una población susceptible.
Un resultado relevante fue que la resistencia también alcanzó a familias químicas a las que las poblaciones no habían sido expuestas en el campo, como las sulfonilaminocarboniltriazolinonas y los pirimidinil benzoatos.
El mecanismo detrás de la resistencia
La enzima ALS participa en la síntesis de aminoácidos esenciales para el crecimiento vegetal. Los autores identificaron la sustitución Trp-574-Leu, que puede reducir la afinidad de los herbicidas por su sitio de unión.
El modelado molecular predijo una menor afinidad de los nueve herbicidas por esa variante. Ambas poblaciones compartían la sustitución, pero presentaban diferencias en otras posiciones, lo que sugiere dos variantes genéticas con posibles orígenes evolutivos independientes.
Qué implica para el manejo
Los resultados corresponden a las dos poblaciones estudiadas y no permiten asumir que todas las poblaciones del país tengan el mismo mecanismo o nivel de resistencia. Por eso, el manejo debe combinar prácticas culturales, monitoreo y herramientas químicas elegidas según cada situación.
La rotación de cultivos, los cultivos de servicios con alta cobertura y el ajuste de fechas y densidades de siembra favorecen la competencia del cultivo y reducen el crecimiento y la producción de semillas de la maleza. El monitoreo posterior a las aplicaciones permite detectar escapes y controlarlos antes de que produzcan semillas.
Debido al período prolongado de emergencia, la estrategia debe contemplar el control de las plantas nacidas y la reducción de nuevas emergencias con herbicidas residuales:
- Rosetas pequeñas (menos de 10 cm): mezclas de glifosato, un hormonal como 2,4-D o MCPA y otro activo de distinto sitio de acción, como inhibidores de PPO, HPPD, fotosistema II o glufosinato de amonio.
- Rosetas grandes (más de 10 cm): técnica de doble golpe, con una aplicación sistémica y otra de herbicidas de contacto.
- Presiembra de trigo y cebada: flurocloridona, diflufenican, flumioxazin, terbutilazina, terbutrina, pyroxasulfone, aclonifen y mesotrione.
- Cultivos de verano: en soja RR, fomesafen, lactofen, acifluorfen o bentazon sobre rosetas de 5 a 8 cm; en soja Enlist, glufosinato de amonio y 2,4-D; en maíz, hormonales o inhibidores de HPPD como mesotrione y tembotrione.
En todos los casos es indispensable verificar los marbetes, las restricciones de uso y los intervalos entre aplicación y siembra. Los antecedentes de resistencia a 2,4-D obligan a considerar la sensibilidad del biotipo antes de elegirlo.
Junto con los antecedentes de resistencia a glifosato y 2,4-D, el estudio refuerza la importancia de ajustar el manejo al perfil de resistencia de cada lote, monitoreando escapes y diversificando prácticas y sitios de acción.
FUENTE: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6ae4ac7cbf363b31594cd569



