Productores de Santa Fe y La Pampa lograron altos rendimientos en la campaña 2025/26. Rotaciones, fertilización y manejo del suelo fueron claves para aprovechar las lluvias.
La campaña agrícola 2025/26 dejó resultados contrastantes en distintas regiones productivas de la Argentina. Mientras algunos establecimientos enfrentaron dificultades por los excesos de agua, que complicaron las fechas de siembra y retrasaron las labores de cosecha, otros lograron rendimientos superiores a los promedios históricos gracias a una favorable disponibilidad hídrica.
Sin embargo, los buenos resultados no pueden explicarse únicamente por las precipitaciones. Especialistas y productores coinciden en que la capacidad de los cultivos para aprovechar el agua disponible depende, en gran medida, de las decisiones agronómicas implementadas durante varios años.
Así lo demuestran las experiencias de Navier Picco, de la Regional Aapresid Videla, en el centro de Santa Fe, y Gustavo Herrero, de la Regional Aapresid La Pampa, quienes destacaron la importancia de las rotaciones, la siembra directa, la fertilización y la planificación de las fechas de siembra.
Ambos casos muestran que los rendimientos elevados son el resultado de sistemas productivos preparados para aprovechar las condiciones ambientales favorables, más allá de las particularidades climáticas de una campaña.
Santa Fe: maíces que alcanzaron los 125 quintales por hectárea
En el centro de Santa Fe, la campaña presentó condiciones especialmente favorables para el desarrollo del maíz, con perfiles de suelo bien abastecidos de humedad al momento de la siembra y precipitaciones regulares durante el ciclo del cultivo.
Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el rendimiento promedio provincial del maíz para la campaña 2025/26 se ubicó en 97,7 quintales por hectárea.
Sin embargo, en la zona de Videla, donde trabaja el asesor Navier Picco, se registraron lotes completos con producciones de entre 90 y 125 quintales por hectárea, valores que superaron ampliamente los promedios históricos de esa región.
El especialista explicó que los mayores rendimientos se observaron en establecimientos que mantienen desde hace años prácticas orientadas a conservar y mejorar la calidad del suelo.
Entre ellas destacó la siembra directa, las rotaciones intensivas y diversificadas, la incorporación de cultivos de servicios y una estrategia de fertilización diseñada para el sistema productivo en su conjunto.
El manejo del suelo marcó la diferencia
Uno de los principales factores que permitió aprovechar las lluvias fue la condición física de los suelos.
En los establecimientos con una trayectoria de buenas prácticas agronómicas, la estructura del suelo favoreció la infiltración, el almacenamiento y la disponibilidad de agua para los cultivos.
Picco señaló que estas características resultan determinantes para transformar las precipitaciones en mayores rendimientos.
En cambio, los lotes que presentan problemas de degradación pueden tener dificultades para captar y conservar el agua, incluso durante campañas con abundantes lluvias.
El asesor remarcó que la mejora de las propiedades físicas y biológicas del suelo es un proceso acumulativo, que requiere decisiones sostenidas en el tiempo.
Por este motivo, los resultados de la campaña no deben interpretarse como un fenómeno exclusivamente climático, sino también como una consecuencia del manejo desarrollado durante años.
Fertilización y elección de híbridos
La nutrición del cultivo fue otro de los aspectos que contribuyeron a alcanzar rendimientos elevados.
En los lotes de mayor productividad, las estrategias de fertilización se definieron a partir de análisis de suelo, que permitieron ajustar las dosis según las necesidades del cultivo y las características del ambiente.
En maíz, se realizaron aplicaciones fraccionadas de nitrógeno, que pudieron incorporarse rápidamente gracias a las precipitaciones registradas durante la campaña.
Esta combinación favoreció el aprovechamiento de los nutrientes y acompañó el potencial de rendimiento generado por las buenas condiciones hídricas.
La selección de híbridos adaptados a cada ambiente, el control oportuno de malezas y el cuidado del tránsito de maquinaria también formaron parte de las estrategias utilizadas.
Según Picco, cada una de estas decisiones contribuyó a reducir las pérdidas potenciales y mejorar la eficiencia del sistema productivo.
Soja: rendimientos de hasta 43 quintales
En soja, los resultados no alcanzaron niveles tan excepcionales como en maíz, aunque también se observaron diferencias importantes entre establecimientos.
En lotes donde se sostienen rotaciones intensivas y se incorporan cultivos de servicios, especialmente vicia, los rendimientos alcanzaron entre 41 y 43 quintales por hectárea.
Picco explicó que estos resultados estuvieron asociados con una mayor infiltración del agua, una mejor distribución de la humedad dentro del perfil y una mayor actividad biológica del suelo.
Estas condiciones permitieron aprovechar la disponibilidad hídrica y sostener un buen desarrollo del cultivo.
La experiencia refuerza la importancia de evaluar el sistema agrícola en su conjunto, considerando no solo el manejo de cada campaña, sino también el efecto acumulado de las prácticas agronómicas.
La Pampa: rendimientos récord y planificación
En el noreste de La Pampa, Gustavo Herrero, productor e integrante de Aapresid, también obtuvo resultados destacados durante la campaña 2025/26.
Según relevamientos de la Bolsa de Cereales de Córdoba, la provincia registró rendimientos promedio de 68,5 quintales por hectárea en maíz y 32,9 quintales en soja, alcanzando valores históricos.
En los establecimientos donde produce Herrero, los rendimientos llegaron hasta 90 quintales por hectárea de maíz y 40 quintales por hectárea de soja de primera.
El productor explicó que estos resultados fueron posibles gracias a una estrategia de manejo adaptada a las características de los suelos y al comportamiento habitual de las precipitaciones.
En su zona predominan suelos franco-arenosos, con presencia de tosca a profundidades que oscilan entre los 60 y los 120 centímetros.
Estas condiciones obligan a planificar cuidadosamente las fechas de siembra y el uso del agua disponible.
La importancia de elegir el momento de siembra
Una de las principales decisiones de manejo implementadas por Herrero consiste en postergar las fechas de siembra para reducir la exposición de los cultivos a los períodos de mayor riesgo climático.
El objetivo es que las etapas críticas del desarrollo coincidan con condiciones ambientales más favorables.
Según explicó, la estrategia busca atravesar enero y parte de febrero, cuando pueden presentarse mayores restricciones hídricas, hasta la llegada de las lluvias otoñales.
Esta planificación permite ajustar el ciclo de los cultivos a la dinámica de las precipitaciones y a las limitaciones propias de los ambientes productivos.
La experiencia demuestra que alcanzar altos rendimientos no siempre implica adelantar las labores, sino identificar el momento más adecuado para cada cultivo y ambiente.
Rotaciones diversificadas y cultivos de cobertura
La estrategia productiva de Herrero también se apoya en una rotación diversificada que incluye trigo, camelina, maíz, soja y girasol.
A estos cultivos se suma la utilización estratégica de especies de cobertura cuando las condiciones del lote requieren mejorar la estructura del suelo.
Entre las alternativas utilizadas se destacan la vicia y el centeno, especialmente como antecesores del maíz.
El productor también resaltó el aporte de la camelina, una especie que permite diversificar las secuencias agrícolas y contribuir al mejoramiento de las condiciones físicas del suelo.
Estas prácticas favorecen el desarrollo de sistemas más estables y permiten aprovechar mejor los recursos disponibles.
La incorporación de diferentes cultivos también ayuda a distribuir los riesgos productivos y ampliar las alternativas de manejo.
Nutrición ajustada a cada ambiente
Al igual que en Santa Fe, la fertilización constituye una herramienta central en los planteos agrícolas desarrollados en La Pampa.
Herrero explicó que los análisis de suelo son la base para definir las estrategias nutricionales, especialmente en los cultivos de invierno.
En maíz, las dosis de nitrógeno se ajustan de acuerdo con el potencial productivo de cada ambiente y las condiciones particulares de la campaña.
La elección de híbridos y variedades también responde a criterios de estabilidad y adaptación, buscando materiales capaces de expresar buenos rendimientos en las condiciones específicas de cada lote.
Este enfoque permite optimizar la utilización de insumos y evitar decisiones que no estén respaldadas por el potencial real de producción.
Para el productor, los rendimientos alcanzados durante la campaña no deben considerarse hechos aislados, sino resultados posibles cuando una adecuada planificación coincide con condiciones climáticas favorables.
Los altos rendimientos se construyen durante años
Las experiencias de Santa Fe y La Pampa presentan diferencias en cuanto a ambientes, características de los suelos y estrategias de siembra.
Sin embargo, ambas coinciden en un principio fundamental: la productividad no depende únicamente de las lluvias, sino de la capacidad del sistema agrícola para aprovecharlas.
La siembra directa, las rotaciones diversificadas, la incorporación de cultivos de servicios, la fertilización ajustada y la elección de materiales adaptados aparecen como prácticas comunes en los establecimientos de mejores resultados.
También se destaca la importancia de planificar las fechas de siembra y cuidar la estructura del suelo para mejorar la disponibilidad de agua durante los períodos críticos.
En este sentido, los productores remarcan que los resultados obtenidos son consecuencia de decisiones que se sostienen a lo largo de numerosas campañas.
La campaña 2025/26 dejó así una enseñanza para la agricultura argentina: las buenas condiciones climáticas pueden potenciar los rendimientos, pero son los sistemas productivos bien manejados los que logran transformar esa oportunidad en más quintales por hectárea.
Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a987208bf363b3159297de2



