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El modelo ganadero de Sudáfrica: integración y feedlot en un entorno desafiante

Productores de CREA recorrieron establecimientos en Sudáfrica para conocer cómo sostienen una ganadería competitiva con baja receptividad forrajera y alta intensificación.

En Sudáfrica, la cadena de carne vacuna genera mucho valor agregado a partir de una producción ganadera muy condicionada por un ambiente restrictivo. La pregunta que quiso responder el grupo CREA Ganaderos del Noroeste con un viaje técnico fue cómo lograron transformar una base forrajera limitada y variable en un negocio integrado y competitivo.

El recorrido incluyó empresas de cría, cabañas, feedlots y establecimientos mixtos que combinan ganadería y lechería con fauna silvestre y fruticultura. «El objetivo fue conocer e identificar herramientas de gestión, genética y organización empresarial que puedan aplicarse en los sistemas ganaderos del grupo», explica Osvaldo W. Luna, asesor del grupo y coordinador técnico de Ganadería de la región CREA Córdoba Norte.

Un negocio condicionado y orientado al mercado interno

Sudáfrica tiene un stock de 12 millones de bovinos y produce unos 2 millones de terneros, por los que compiten feedlots de gran escala, algunos de hasta 150.000 cabezas. El mercado interno absorbe el 95% del consumo y solo el 5% se exporta, principalmente a Israel.

La cría es fundamental en las zonas de lluvias limitadas, donde la producción depende del «veld», como se llama a los pastizales naturales. Apenas el 20% de la superficie es cultivable y gran parte de los ambientes ganaderos tiene baja receptividad.

El feedlot es uno de los rasgos más distintivos: según el South Africa Yearbook 2024/25, aporta aproximadamente el 75% de la carne bovina producida. También desarrollaron genética propia, con la Bonsmara como ejemplo destacado, además de Afrikaner, Nguni, Brahman y razas europeas.

La fiebre aftosa es un problema grave en muchas zonas y, según el informe, desde 2016 el país perdió peso exportador por ese motivo; se importan vacunas desde Turquía y la Argentina.

Ciclo completo con Droughtmaster

La primera visita fue al establecimiento de Johan Dannuser, sexta generación de productores, con raza Droughtmaster «africanizada». Tiene 4000 vacas de cría y 1600 de cabaña, recría a campo, terminación a corral y frigorífico propio.

La carga es de aproximadamente 0,6 vacas por hectárea sobre pasturas naturales y Digitaria eriantha. El destete se hace con 240 kilos en cabaña y 220 en el rodeo comercial, y el feedlot recibe animales de 280 kilos. La seguridad pesa en la estructura: ocho guardias nocturnos y un dron con cámara térmica.

Sernick: de 250 a 10.000 hectáreas

Fundada en 1983 con 250 hectáreas y vaquillonas Bonsmara, hoy trabaja 10.000 hectáreas con cabaña, rodeo comercial, feedlot para 12.000 animales, frigorífico y carnicerías propias.

Realiza pastoreo de alta intensidad en potreros de unas 10 hectáreas, con un tercio del campo en descanso cada año, y pruebas de eficiencia de conversión (RFI) desde 1990. La preñez de la cabaña es del 85%. Según los responsables, feedlot, frigorífico y alimentos balanceados siguen creciendo, mientras que la cabaña fue el eslabón que perdió dinero en la última campaña.

Integración con fauna silvestre, agricultura y frutas

Una empresa familiar de Kroonstad, con 12.000 hectáreas y 500 milímetros de lluvia, sumó fauna silvestre en 2020. «La renta de la fauna, orientada al mercado de cazadores internacionales, es unas diez veces mayor que la de la ganadería», explica Luna. Además desarrolla un proyecto de 50.000 hectáreas ganaderas en Mozambique con 2500 vacas Bonsmara.

JDM Boerdery trabaja 12.000 hectáreas propias, con 800 vacas Bonsmara, 600 ovejas con collares GPS y fauna silvestre, aunque es más agrícola que ganadera. Janvos Landgoed combina cabaña Boran, agricultura, 30 hectáreas de manzanas, tambo y semilla de avena, con una regla clara: «cada unidad tiene su departamento y su encargado, y debe ser rentable por sí sola».

En esa empresa, la manzana Gala rinde de 60 a 90 toneladas por hectárea con un margen bruto de 7500 dólares por hectárea, y el tambo intensivo ordeña 574 vacas con un promedio de 39 litros por vaca.

Gestión por unidad de negocio, genética adaptada y feedlot como motor de la cadena: las claves que el grupo CREA se llevó de un modelo que prospera con recursos forrajeros limitados.

FUENTE: Contenidos CREA

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