Estados Unidos, Brasil y Argentina concentran el 75% de las exportaciones globales de maíz. Desde MAIZALL advierten que el país aún tiene margen para crecer en inversión y agregado de valor.
La producción de maíz atraviesa un momento destacado en Argentina, con una cosecha que podría superar las 60 millones de toneladas y marcar un nuevo récord histórico. En ese contexto, Manuel Ron, presidente de MAIZALL, destacó el potencial del país dentro de la alianza internacional que integra junto a Estados Unidos y Brasil, responsable de aproximadamente el 75% de las exportaciones mundiales del cereal.
Durante el Congreso Maizar, Ron señaló que, si bien los tres países compiten en los mercados internacionales, también trabajan en conjunto para defender el comercio global del maíz frente a barreras paraarancelarias y restricciones vinculadas a la biotecnología. “Somos la alianza que mueve el amperímetro en términos de exportaciones de maíz en el mundo”, afirmó.
Sin embargo, el dirigente remarcó que Argentina se encuentra en desventaja respecto de sus socios en materia de transformación industrial. Mientras Brasil y Estados Unidos procesan internamente entre el 70% y el 80% de su producción, en el país ese porcentaje ronda entre el 30% y el 40%. Según explicó, incrementar la industrialización del maíz permitiría generar más empleo, desarrollo regional y oportunidades para las economías del interior.
Ron también advirtió sobre los desafíos que enfrenta el sector a nivel global, especialmente por la incertidumbre en torno al abastecimiento de fertilizantes nitrogenados, una situación vinculada a los conflictos geopolíticos en Medio Oriente. Este escenario podría impactar sobre las decisiones de siembra y la competitividad de los cultivos en distintos países productores.
Finalmente, sostuvo que una de las principales brechas que enfrenta Argentina está relacionada con la inversión en tecnología y nutrición de los cultivos. A su entender, una reducción sostenida de las retenciones permitiría mejorar el clima de inversión, aumentar el uso de fertilizantes, bioinsumos y tecnologías de manejo, y acercar los rendimientos reales al potencial productivo del maíz argentino. “Cada año en que no utilizamos toda la tecnología disponible es una oportunidad que el país pierde”, concluyó.
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