Ensayos del INTA Oliveros muestran que los cultivos de cobertura reducen la presencia de distintas malezas y se consolidan como una alternativa para diversificar su manejo.
Los cultivos de cobertura ganan protagonismo como una herramienta estratégica dentro del manejo integrado de malezas, especialmente frente al aumento de especies resistentes o tolerantes a herbicidas. Desde el INTA Oliveros destacan su capacidad para competir por recursos y disminuir la presencia de malezas en los sistemas productivos.
Andrea Verónica García, ingeniera agrónoma y especialista en malezas del INTA Oliveros, explicó que las malezas compiten directamente con los cultivos por nutrientes, agua y radiación, además de provocar perjuicios indirectos sobre la calidad de la cosecha. El crecimiento de los casos de resistencia a diferentes modos de acción de herbicidas representa, en este contexto, un desafío cada vez mayor.
Los ensayos realizados en la zona de Oliveros mostraron una marcada disminución de especies habituales en los lotes, entre ellas rama negra, capiquí, estelaria, yuyo de la pared y ortiga mansa. Este efecto supresivo convierte a los cultivos de cobertura, también conocidos como cultivos de servicio, en una alternativa para complementar las estrategias tradicionales de control.
Desde el INTA señalaron que estos cultivos pueden incorporarse durante el barbecho invernal, luego de la cosecha del cultivo anterior. Además de aportar distintos servicios ecosistémicos, permiten evitar barbechos excesivamente largos y reducir la dependencia exclusiva de los herbicidas para mantener controladas las malezas.
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