Un estudio mostró que conservar hábitats seminaturales y favorecer la conectividad del paisaje puede potenciar la polinización, el rendimiento y la calidad de los granos de soja.
La biodiversidad y la configuración del paisaje agrícola pueden transformarse en aliados directos de la producción de soja. Así lo explicó el Dr. Leonardo Amarilla, de la Universidad Nacional de Córdoba y el IMBIV-CONICET, quien presentó resultados de investigaciones sobre el impacto de la infraestructura verde en la productividad de los cultivos.
El especialista señaló que la expansión agrícola y la simplificación del paisaje reducen los hábitats naturales y seminaturales disponibles para polinizadores y enemigos naturales de plagas. Frente a esta situación, propuso pensar la biodiversidad como un verdadero insumo agrícola, incorporando corredores biológicos, bordes vegetados, pastizales, bosques, cursos de agua y otras áreas capaces de sostener organismos benéficos dentro del sistema productivo.
Uno de los estudios realizados en Córdoba comparó plantas de soja expuestas libremente a los polinizadores con otras aisladas de su acción. Los resultados mostraron que la polinización por insectos favoreció la masa seca de las semillas y también tuvo efectos positivos sobre el contenido y la composición del aceite. Además, la respuesta mejoró cuando los cultivos se encontraban próximos a áreas boscosas y con una mayor proporción de hábitat seminatural alrededor.
En otro trabajo, desarrollado sobre 58 lotes de soja distribuidos en cuatro regiones productivas del país, los investigadores analizaron la cantidad de hábitat disponible, la fragmentación y la conectividad del paisaje. En términos generales, encontraron una relación positiva entre una mayor infraestructura verde y variables como el número de semillas, su peso y el rendimiento potencial.
Amarilla destacó que el objetivo no pasa únicamente por conservar ambientes naturales, sino por gestionarlos e integrarlos a la producción. Evitar derivas de aplicaciones, enriquecer bordes con especies de distintas épocas de floración y diseñar corredores que conecten áreas seminaturales son algunas de las estrategias propuestas.
Según el investigador, este enfoque puede generar sistemas más resilientes y rentables, favorecer la polinización y el control biológico, reducir la dependencia de insumos externos y, al mismo tiempo, facilitar el cumplimiento de normas ambientales y esquemas de certificación. La propuesta apunta así a dejar de considerar la biodiversidad como un elemento externo y comenzar a manejarla como parte integral del sistema agrícola.
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