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Chinches en soja: advierten sobre altas poblaciones y la necesidad de monitorear

Ensayos del INTA registraron hasta 42 chinches por metro. El monitoreo y la calidad de aplicación resultan claves, mientras el escenario de orugas permanece tranquilo.

El aumento de las poblaciones de chinches se convirtió en uno de los principales desafíos para la protección del cultivo de soja. Durante la Jornada de Actualización INTA-CREA 2026, realizada en la EEA INTA Marcos Juárez, la ingeniera agrónoma Emilia Balbi analizó el escenario registrado en las últimas campañas y destacó la importancia de intensificar el monitoreo.

A diferencia de las orugas defoliadoras, las chinches afectan directamente vainas y granos, por lo que pueden provocar pérdidas de rendimiento y calidad. El daño resulta especialmente importante durante las etapas reproductivas y puede generar aborto de vainas, granos vanos, manchas y decoloraciones. Balbi remarcó que el impacto disminuye a medida que avanza la fenología, aunque pueden registrarse pérdidas incluso durante el llenado de granos.

En ensayos realizados en la experimental se registraron poblaciones de hasta 42 chinches por metro lineal. Bajo situaciones de alta infestación, una aplicación puede no ser suficiente debido a los individuos remanentes o a la reinfestación proveniente de lotes vecinos. En algunas evaluaciones, una aplicación permitió obtener diferencias de rendimiento de hasta 1.250 kilos por hectárea frente a lotes sin control, mientras que con dos aplicaciones la diferencia alcanzó hasta 1.770 kilos.

La especialista señaló que el paño vertical continúa siendo una herramienta fundamental para detectar la plaga, ya que los umbrales son bajos y las chinches resultan difíciles de observar a simple vista. Además, las ninfas mayores a cinco milímetros ya poseen capacidad para perforar las vainas y deben ser consideradas al momento de determinar la población presente.

La calidad de las pulverizaciones también resulta determinante. Incluso con niveles elevados de eficacia pueden quedar poblaciones por encima del umbral cuando la infestación inicial es muy alta. Por este motivo, Balbi recomendó continuar monitoreando el lote después de las aplicaciones y evaluar posibles reinfestaciones durante el período reproductivo.

En contraste, el panorama actual de orugas aparece más tranquilo. Los registros de trampas de luz mostraron una marcada reducción respecto de campañas anteriores y no se observaron picos importantes de vuelo. Según la especialista, por el momento las poblaciones permanecen bajas y no existen indicadores que anticipen un cambio significativo en ese escenario.

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