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Maíz: la isoca de la espiga preocupa por el aumento de daños y las fallas de control

En el centro-norte de Córdoba, Helicoverpa zea provocó uno de los ataques más severos en 25 años. Especialistas advierten sobre la pérdida de eficacia de algunas tecnologías Bt.

La campaña maicera 2025/26 dejó una señal de alerta para los productores argentinos ante el fuerte incremento de los ataques de la oruga de la espiga (Helicoverpa zea). En el centro-norte de Córdoba, la plaga alcanzó niveles de infestación excepcionales, afectando tanto a los maíces tempranos como a los tardíos y poniendo en discusión la eficacia de algunas herramientas utilizadas para su control.

Según explicó Roberto Peralta, ingeniero agrónomo, entomólogo y asesor privado de Halcón, la región atravesó uno de los episodios más severos de los últimos 25 años, con daños que alcanzaron prácticamente al 100% de las espigas en los lotes observados.

La situación se produjo en una campaña en la que otra plaga, Spodoptera frugiperda, había concentrado gran parte de la atención debido a las dificultades registradas en su manejo. Sin embargo, el avance de Helicoverpa zea terminó convirtiéndose en otro de los principales desafíos sanitarios del cultivo.

Los especialistas advierten que el fenómeno responde a una combinación de factores, entre los que se encuentran el aumento de las poblaciones, los cambios en las fechas de siembra y la posible reducción de la susceptibilidad de la plaga a determinadas proteínas insecticidas expresadas por los híbridos Bt.

Daños generalizados en maíces tempranos y tardíos

Uno de los aspectos más llamativos del ataque fue su distribución a lo largo de diferentes fechas de siembra.

Históricamente, los maíces tardíos presentaban una mayor exposición a la oruga de la espiga, debido a que su floración coincidía con los períodos de mayor presencia de adultos.

Sin embargo, durante las últimas dos campañas se registraron poblaciones importantes de polillas desde noviembre, lo que amplió considerablemente la ventana de riesgo.

Emilia Balbi, ingeniera agrónoma y especialista del INTA Marcos Juárez, explicó que este cambio en la dinámica poblacional provocó que los maíces tempranos también quedaran expuestos a una elevada presión de la plaga.

En el centro-norte de Córdoba, Peralta observó daños prácticamente generalizados, sin diferencias importantes entre cultivos sembrados en fechas tempranas o tardías.

La magnitud del ataque dificultó incluso la estimación de pérdidas de rendimiento, debido a que no se encontraron sectores sin daño que permitieran realizar comparaciones.

¿Cuánto puede afectar el rendimiento?

La presencia de larvas en las espigas puede provocar pérdidas directas de granos y comprometer el resultado productivo del cultivo.

Balbi aportó una referencia obtenida a partir de evaluaciones sobre el impacto de la plaga: cuando entre el 95% y el 100% de las espigas presentan daños en una superficie media de tres centímetros cuadrados, la pérdida de rendimiento puede ubicarse alrededor del 4%.

Sin embargo, la magnitud de las pérdidas depende de diferentes variables, como la intensidad del ataque, el momento de desarrollo del cultivo y la superficie afectada en cada espiga.

En la campaña 2025/26, los niveles de infestación registrados en algunos establecimientos fueron tan elevados que resultó difícil establecer una referencia precisa del impacto económico.

Esta situación evidencia la necesidad de contar con información específica sobre la evolución de las poblaciones y su relación con los daños productivos.

Las tecnologías Bt, bajo evaluación

El comportamiento de la plaga también volvió a poner el foco sobre las tecnologías Bt incorporadas en los híbridos de maíz.

De acuerdo con la última encuesta nacional de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), durante la campaña 2024/25 la tecnología Vip alcanzó una adopción del 68% entre los productores socios de la entidad.

Sin embargo, en el 82% de los casos relevados se registraron daños o presencia de especies consideradas objetivo de esta biotecnología, especialmente Helicoverpa zea.

Estos resultados generaron preocupación por la posibilidad de que algunas poblaciones estén mostrando una menor susceptibilidad a determinadas proteínas utilizadas para su control.

Peralta planteó que la pérdida progresiva de eficacia de algunas tecnologías Bt podría haber favorecido la supervivencia de individuos y contribuido al crecimiento de las poblaciones.

No obstante, aclaró que resulta difícil atribuir el episodio a una única causa.

No todos los eventos Bt tienen la misma eficacia

Los especialistas remarcan que los diferentes eventos Bt expresan proteínas insecticidas con distintos niveles de actividad sobre cada plaga.

En el caso de Helicoverpa zea, las proteínas Cry1A.105 y Cry2Ab mostraron inicialmente actividad sobre la especie, aunque con el transcurso del tiempo se observaron reducciones de eficacia en condiciones de campo.

Por este motivo, la proteína Vip3Aa se convirtió en una de las principales herramientas biotecnológicas utilizadas para su manejo.

Sin embargo, Balbi señaló que la adaptación de la plaga a diferentes eventos transgénicos utilizados en Sudamérica amplió las posibilidades de supervivencia de la especie.

La especialista explicó que hace aproximadamente tres años existían diferencias importantes entre híbridos con Vip3Aa20 y materiales sin tecnología Bt, pero que esas diferencias se redujeron considerablemente en las últimas campañas.

De todos modos, encontrar daños en un híbrido Bt no significa necesariamente que toda la tecnología haya dejado de funcionar.

Para interpretar correctamente los resultados es necesario identificar qué proteínas expresa cada material y distinguir entre una eficacia naturalmente limitada y una posible pérdida de susceptibilidad de la plaga.

El crecimiento de los maíces tardíos, otro factor

Además de la evolución de las tecnologías de control, los investigadores analizan el impacto que pudieron tener los cambios en los sistemas productivos.

Balbi señaló que el aumento de la superficie sembrada con maíces tardíos entre 2013 y 2023 podría haber contribuido al crecimiento de las poblaciones de Helicoverpa zea.

La mayor disponibilidad de cultivos en etapas reproductivas durante determinados períodos del año puede haber generado condiciones favorables para la reproducción y supervivencia de la especie.

A este escenario se suma la presencia de poblaciones importantes desde noviembre, que modificó la distribución temporal del riesgo.

Otro dato observado por Peralta fue la escasa presencia de Spodoptera frugiperda en los mismos ambientes donde Helicoverpa zea alcanzó niveles elevados.

El especialista planteó que esta situación podría estar relacionada con mecanismos de competencia entre ambas especies, aunque aclaró que se trata de una hipótesis que requiere investigaciones adicionales.

Las limitaciones del control químico

Uno de los principales desafíos para enfrentar la oruga de la espiga es la dificultad de implementar tratamientos químicos eficaces.

Peralta explicó que, históricamente, los productores de la región convivieron con esta plaga en materiales convencionales debido a las limitaciones de las aplicaciones de insecticidas.

Incluso cuando los tratamientos se realizan con un monitoreo adecuado y una correcta oportunidad de aplicación, las larvas sobrevivientes pueden generar daños similares a los observados en lotes sin tratar.

Además, actualmente no existe un umbral de intervención claramente definido que permita establecer con precisión cuándo resulta conveniente realizar un tratamiento.

Estas dificultades reducen las alternativas disponibles para los productores cuando las poblaciones alcanzan niveles elevados.

Por este motivo, los especialistas consideran necesario fortalecer las estrategias preventivas y evitar depender exclusivamente de una herramienta de control.

La fecha de siembra como estrategia de manejo

Frente a la falta de soluciones químicas suficientemente eficaces, el manejo de las fechas de siembra aparece como una de las principales alternativas para reducir la exposición del cultivo.

Peralta explicó que, en las condiciones actuales del centro-norte de Córdoba, la estrategia más utilizada consiste en intentar que las etapas reproductivas del maíz no coincidan con los momentos de mayor presencia de la plaga.

Sin embargo, la ampliación de la ventana de riesgo observada durante las últimas campañas plantea nuevas dificultades para aplicar este criterio.

La presencia de poblaciones elevadas desde noviembre implica que tanto los cultivos tempranos como los tardíos pueden quedar expuestos a ataques importantes.

En consecuencia, la elección de la fecha de siembra debe considerar la información disponible sobre la dinámica regional de la plaga y las características productivas de cada establecimiento.

¿Qué puede ocurrir en la próxima campaña?

La evolución de las poblaciones de Helicoverpa zea durante la próxima campaña todavía presenta un alto grado de incertidumbre.

Balbi explicó que la especie atraviesa parte de su ciclo biológico como pupa en el suelo, por lo que las condiciones de humedad pueden influir sobre su supervivencia.

Como antecedente, recordó que durante la fase húmeda registrada en la región pampeana en 2014 las poblaciones disminuyeron hasta niveles muy bajos y permanecieron reducidas durante varios años.

Este comportamiento sugiere que los excesos de agua podrían modificar la dinámica poblacional, aunque no permiten anticipar con certeza qué ocurrirá en el próximo ciclo agrícola.

Peralta coincidió en que resulta difícil realizar proyecciones confiables sobre la evolución de la plaga y remarcó la importancia de continuar con el seguimiento de su comportamiento.

Nuevas herramientas para enfrentar la plaga

Entre las alternativas que comienzan a evaluarse se encuentra la combinación de insecticidas con feromonas y kairomonas, sustancias utilizadas para modificar o aprovechar determinados comportamientos de los insectos.

Estas herramientas presentan potencial para contribuir a reducir la presión de daño, aunque todavía requieren ajustes y validaciones en condiciones locales antes de recomendar su utilización generalizada.

Los especialistas también destacan la necesidad de revisar las estrategias destinadas a preservar la eficacia de las tecnologías Bt.

El crecimiento de las poblaciones y la reducción de la susceptibilidad a determinadas proteínas plantean la importancia de profundizar la investigación y desarrollar nuevas herramientas de manejo.

En este contexto, el monitoreo permanente y la integración de diferentes estrategias serán fundamentales para reducir los riesgos productivos.

Un nuevo desafío sanitario para el maíz argentino

El ataque registrado durante la campaña 2025/26 en el centro-norte de Córdoba constituye una advertencia sobre la capacidad de adaptación de las plagas y las limitaciones de las herramientas disponibles.

La presencia de daños generalizados, incluso en híbridos con tecnologías de protección, demuestra que el manejo sanitario requiere evaluaciones permanentes y decisiones ajustadas a cada situación.

La falta de umbrales de intervención definidos y las dificultades del control químico refuerzan la importancia de la prevención y del conocimiento de la dinámica poblacional.

Para los especialistas, el desafío será preservar la eficacia de las tecnologías actuales, mejorar las estrategias de manejo y desarrollar nuevas alternativas que permitan evitar que ataques excepcionales de Helicoverpa zea se conviertan en un problema recurrente para la producción de maíz en la Argentina.

Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a985585bf363b31592968fc

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