Aapresid analizó las diferencias entre bioestimulantes, su relación con la nutrición vegetal y la importancia de conocer su composición para utilizarlos con mayor precisión.
Los bioestimulantes ganan protagonismo dentro de los sistemas agrícolas, pero no todos cumplen la misma función ni generan las mismas respuestas en los cultivos. En un nuevo episodio de “Lógica Bio”, el podcast de la Red de Biológicos de Aapresid, el Dr. Fabricio Cassán analizó cómo se clasifican estas tecnologías y qué aspectos deben considerarse antes de incorporarlas al manejo.
Según explicó el especialista, actualmente existen bioestimulantes basados en microorganismos y otros formulados a partir de sustancias como ácidos húmicos y fúlvicos, extractos vegetales, algas, hidrolizados de proteínas, aminoácidos y determinados elementos minerales. La composición resulta fundamental porque cada producto puede actuar sobre procesos fisiológicos diferentes y responder mejor ante determinadas condiciones.
Cassán remarcó que un bioestimulante no debe interpretarse como un fertilizante. Mientras este último aporta nutrientes como nitrógeno, fósforo o potasio, los bioestimulantes pueden ayudar a que la planta utilice con mayor eficiencia los recursos disponibles. Por eso, planteó que la principal oportunidad está en complementar y optimizar tecnologías existentes, más que en pensar en un reemplazo total de la fertilización.
El especialista también advirtió que no todos los bioestimulantes funcionan frente a cualquier situación de estrés. Ante una sequía, por ejemplo, determinados hidrolizados de proteínas y perfiles de aminoácidos pueden generar respuestas diferentes a las de productos formulados con otras sustancias. Conocer la funcionalidad específica y contar con información respaldada resulta, entonces, determinante para una correcta elección.
Otro punto central es la validación de estas tecnologías. Cassán sostuvo que organismos técnicos y entidades como el INTA o Aapresid tienen un rol importante en generar información bajo distintas condiciones productivas, ya que evaluar únicamente el rendimiento final puede no alcanzar para interpretar el efecto de un bioestimulante sobre la fisiología de la planta.
De cara al futuro, el especialista consideró que los productos biológicos tendrán una participación creciente no solo por su potencial para mejorar la eficiencia y la rentabilidad, sino también por las nuevas exigencias ambientales. Indicadores como la huella de carbono o la huella hídrica podrían ganar peso en los mercados internacionales y aumentar la demanda de tecnologías capaces de producir con un menor impacto ambiental.
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