Investigadores argentinos descubrieron cómo determinadas moléculas transmiten señales defensivas entre células. El hallazgo podría contribuir al desarrollo de cultivos más resistentes a patógenos.
Las plantas no poseen un sistema inmunitario como el de los animales, pero cuentan con complejos mecanismos para reconocer patógenos y defenderse de sus ataques. Un equipo de investigadores de la Unidad de Estudios Agropecuarios, con sede en el INTA-CIAP, logró identificar un proceso clave que permite activar y propagar esas respuestas defensivas por diferentes tejidos.
El trabajo, desarrollado íntegramente en la Argentina y publicado recientemente en la revista científica Plant Communications, se concentró en la denominada resistencia sistémica. Este mecanismo permite que, después de detectar una infección en una zona determinada, la planta no solamente responda en ese lugar, sino que envíe señales hacia otros tejidos que todavía no estuvieron en contacto con el patógeno.
Según explicó Damián Cambiagno, investigador responsable del estudio, este fenómeno se encuentra estrechamente relacionado con la denominada memoria inmunitaria vegetal. Se trata de la capacidad de las plantas para responder de manera más rápida y eficiente cuando vuelven a encontrarse con determinados agentes patógenos.
Uno de los principales hallazgos fue determinar el papel que cumplen los microARNs (miRNAs), pequeñas moléculas de ARN encargadas de regular la expresión de los genes. Los investigadores comprobaron que algunas de estas moléculas pueden desplazarse entre células y funcionar como mensajeros capaces de coordinar respuestas defensivas en diferentes sectores de la planta.
El estudio también identificó a la proteína HASTY (HST) como una pieza fundamental de este proceso. Según los resultados obtenidos, interviene durante una etapa temprana de formación de determinados microARNs, conocida como procesamiento co-transcripcional, y permite que posteriormente esas moléculas tengan capacidad para trasladarse entre las células.
Los ensayos mostraron que, en plantas con mutaciones en HASTY, los microARNs pierden su capacidad de desplazamiento y se ve comprometida la activación de la defensa sistémica. En cambio, cuando los investigadores restituyeron el movimiento de esas moléculas, también lograron recuperar la respuesta defensiva a escala general.
La investigación fue dirigida por Cambiagno y tuvo a Manuel Musso como primer autor. También participaron los estudiantes Nahir Alanie y Luciano Quevedo, junto con Alejandra Trenchi, Nicolás M. Cecchini y Hernán Ramiro Lascano.
Además de ampliar el conocimiento sobre la inmunidad vegetal, el descubrimiento podría tener aplicaciones productivas. Actualmente existen herramientas biotecnológicas, entre ellas los bioinoculantes, destinadas a estimular los mecanismos naturales de defensa de las plantas. Comprender con mayor precisión cómo se generan y transmiten estas señales podría contribuir a desarrollar estrategias más eficientes.
De esta manera, el conocimiento generado por el equipo del INTA abre nuevas posibilidades para fortalecer la resistencia de los cultivos frente a enfermedades, con potencial para mejorar su sanidad y productividad a partir del aprovechamiento de sus propios mecanismos naturales de defensa.



