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Ganadería bajo riego: una estrategia que gana terreno en el NOA

Una empresa de Catamarca apuesta a la recría pastoril bajo riego para reducir la dependencia de las lluvias, aumentar la carga animal y aprovechar la mejora en los márgenes ganaderos.

El riego, históricamente asociado con la búsqueda de estabilidad agrícola en ambientes semiáridos, comienza a ganar protagonismo en la ganadería del noroeste argentino. En Catamarca, una empresa integrante del CREA Semiárido Norte avanza con sistemas de recría pastoril bajo riego y proyecta intensificar la cría ante una mejora en la rentabilidad de la actividad.

Daniel Bartolucci fue uno de los pioneros en incorporar esta tecnología a la agricultura provincial hace 35 años. Actualmente, la empresa administra alrededor de 20.000 hectáreas, de las cuales el 70% son propias. En la presente campaña destinó unas 9.000 hectáreas a agricultura y otras 10.000 a planteos ganaderos de recría y feedlot, mientras que la superficie bajo riego alcanza las 5.000 hectáreas.

El mejor escenario económico de la ganadería llevó a incorporar parte de esa infraestructura hídrica a la producción de carne. En uno de los círculos de riego, de 70 hectáreas, se implantó una mezcla de avena, trébol y raigrás sobre la que actualmente se recrían 1.180 terneros. El objetivo es aprovechar la producción de forraje sin quedar condicionado exclusivamente por las precipitaciones.

La empresa cuenta con cinco establecimientos bajo riego en Los Altos, Bañado de Ovanta, Albigasta y Chañar Laguna. Dos combinan agricultura y ganadería, mientras que los restantes son exclusivamente agrícolas. En los sistemas mixtos, la estrategia apunta a trasladar progresivamente la recría desde los corrales hacia pasturas regadas.

Actualmente, el feedlot termina entre 9.000 y 10.000 animales por año, de los cuales alrededor del 80% son comprados y alimentados parcialmente con granos producidos por la propia empresa. La meta es alcanzar las 18.000 cabezas anuales y utilizar los corrales principalmente para la etapa final de engorde.

Para conseguirlo comenzaron a desarrollar una recría completamente pastoril, utilizando verdeos y pasturas bajo riego tanto en invierno como en verano. La experiencia comenzó con los recursos invernales y continuará durante la estación cálida. El agua permite sostener cargas elevadas en una región donde las precipitaciones rondan los 500 milímetros anuales, pero presentan una elevada variabilidad.

Según Bartolucci, depender exclusivamente de las lluvias sería demasiado riesgoso para un planteo de semejante escala. Aunque durante la campaña actual se registraron alrededor de 1.000 milímetros en cinco meses, esas condiciones excepcionales se presentan aproximadamente una vez cada diez años. La estrategia, por lo tanto, consiste en establecer una carga conservadora respaldada por el riego y aumentarla cuando las precipitaciones acompañan.

En invierno, cuando prácticamente no llueve, el sistema depende directamente del agua aplicada. Durante el verano, en cambio, el riego funciona como un seguro frente a la incertidumbre climática. La decisión de avanzar con este modelo está estrechamente vinculada con los actuales márgenes de la actividad. “¿Por qué lo hacemos ahora y no antes? Por una razón muy sencilla: ahora la carne vale”, resumió el productor.

El próximo paso será intensificar también la cría. Para 2027, la empresa proyecta realizar un ensayo en un establecimiento mixto con unas 1.900 hectáreas bajo riego y otras 2.000 destinadas a ganadería. Actualmente, la receptividad se ubica alrededor de tres hectáreas por animal, pero el objetivo experimental es avanzar hacia tres animales por hectárea mediante pasturas regadas.

El agua también continúa siendo determinante para la agricultura. Las 5.000 hectáreas regadas se concentran en Catamarca y una de las principales actividades es la multiplicación de semillas de maíz para empresas semilleras. En estos planteos, donde el costo de producción es elevado, reducir el riesgo de estrés hídrico resulta fundamental.

La aparición de la chicharrita modificó, sin embargo, la estrategia productiva. La empresa dejó de multiplicar materiales templados y semitemplados para concentrarse en híbridos tropicales con mayor tolerancia. Bartolucci advirtió que estos materiales permiten convivir mejor con la plaga, aunque presentan menores rendimientos y requieren controles costosos. Además de maíz, bajo riego producen trigo, soja y semillas de canola, con promedios superiores a 6.000 kilos por hectárea en trigo y 4.500 kilos en soja.

La profundidad de las fuentes de agua condiciona qué cultivos pueden justificar económicamente el riego. El costo de cada milímetro aplicado oscila entre US$0,50 y US$1,20, por lo que los ambientes con agua más cara deben destinarse a producciones de mayor valor. A esto se suma el costo de la potencia instalada, que ronda los US$200 por hectárea independientemente de cuánto se utilicen los equipos.

Para Bartolucci, la principal ventaja sigue siendo la previsibilidad. El riego no elimina la necesidad de fertilización, manejo sanitario ni otras tecnologías, pero permite controlar una de las variables más determinantes de la producción: el agua. En un escenario de posible El Niño, esa capacidad adquiere todavía mayor relevancia en una región donde las lluvias pueden aumentar, aunque su magnitud y distribución continúan siendo difíciles de anticipar.

Fuente: https://www.contenidoscrea.org.ar/agricultura/riego-el-noa-la-ganaderia-gana-lugar-los-planteos-mixtos-n5328606

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