El INTA Rafaela modernizó su laboratorio para potenciar la producción de la vacuna contra babesiosis y anaplasmosis. En más de 30 años permitió inmunizar a 12 millones de bovinos.
El INTA Rafaela, en Santa Fe, modernizó las instalaciones de su Laboratorio de Inmunología y Parasitología, considerado un referente internacional en prevención, diagnóstico e investigación de la tristeza bovina. Las obras buscan fortalecer la producción de la vacuna contra la babesiosis y la anaplasmosis, dos enfermedades que representan una importante limitante sanitaria para la ganadería del norte argentino.
Las mejoras contemplaron la adecuación de las áreas productivas, nuevas condiciones de bioseguridad y la incorporación de estándares internacionales de calidad. Las obras forman parte de un proceso más amplio que también incluye la modernización de los procedimientos, renovación de insumos y capacitación permanente del personal.
Nicolás Morel, médico veterinario e integrante del laboratorio, explicó que las modificaciones buscan garantizar la calidad del inmunógeno dentro de un sistema integral de gestión. Ese proceso comprende desde la incorporación y manejo de los animales dadores hasta la selección de materiales, los procedimientos utilizados durante la elaboración y la posterior logística.
La producción de la vacuna constituye uno de los principales desarrollos tecnológicos de la institución. Actualmente, el laboratorio elabora entre 700.000 y 800.000 dosis anuales, un volumen que lo posiciona entre los mayores productores del mundo de este tipo de inmunógenos. En más de tres décadas de actividad, permitió inmunizar a más de 12 millones de bovinos argentinos.
La babesiosis y la anaplasmosis, agrupadas habitualmente bajo la denominación de tristeza bovina, constituyen un desafío sanitario especialmente relevante en una extensa región del norte del país. Frente a estas enfermedades, la vacunación permite complementar las estrategias destinadas al control de los vectores y fortalecer directamente la inmunidad de los animales.
Argentina cuenta, además, con una particularidad tecnológica en la elaboración de este inmunógeno. Es el único país que produce una parte importante de la vacuna mediante el cultivo in vitro de los microorganismos involucrados, un procedimiento que demanda instalaciones con estrictas condiciones de bioseguridad y elevados estándares de calidad.
El trabajo del laboratorio de Rafaela no se limita a la elaboración de vacunas. Sus investigadores también estudian la epidemiología y el control de las garrapatas y de las enfermedades que transmiten, realizan diagnósticos de resistencia y análisis serológicos y moleculares de patologías relevantes para los sistemas productores de carne y leche.
A estas actividades se suman investigaciones sobre otros parásitos de importancia veterinaria y servicios de diagnóstico y asesoramiento destinados a productores, veterinarios, organismos sanitarios y empresas farmacéuticas. Con la modernización de sus instalaciones, el INTA apunta a consolidar una capacidad tecnológica desarrollada durante más de 30 años y estratégica para la sanidad de la ganadería argentina.


