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Inteligencia artificial: cómo cambia el trabajo y el valor de las personas

Sebastián Campanario analizó el impacto de la inteligencia artificial en la economía y el empleo, y destacó que la confianza, la creatividad y la empatía ganarán protagonismo.

La inteligencia artificial atraviesa una etapa de aceleración que comienza a modificar no solo tareas específicas, sino también la productividad, las organizaciones y el mercado laboral. En ese escenario, las capacidades humanas podrían adquirir un valor diferencial cada vez mayor frente al avance de la automatización.

Así lo planteó el economista y periodista especializado en innovación Sebastián Campanario durante una conferencia en el Congreso CREA Sudoeste, realizado en la Sociedad Rural de Coronel Suárez. Allí sostuvo que la velocidad de transformación tecnológica alcanzó niveles que vuelven obsoletas algunas previsiones en períodos cada vez más cortos.

“Nunca me pasó que las notas de innovación queden viejas de un día para el otro. En 2026, lo que tradicionalmente ocurría en varios años está sucediendo con una gran aceleración”, señaló Campanario. Como ejemplo mencionó plataformas de predicción colectiva en las que algunos hitos tecnológicos inicialmente proyectados para 2035 comenzaron a ubicarse hacia 2028 o 2030.

El especialista explicó que, mientras hasta hace poco la inteligencia artificial se utilizaba principalmente para optimizar tareas puntuales, ahora empieza a observarse su influencia sobre variables de mayor escala vinculadas con la productividad, el crecimiento económico y el empleo.

De responder preguntas a ejecutar tareas

Uno de los principales cambios está relacionado con las denominadas funciones agénticas. Estas herramientas permiten pasar de realizar consultas a un sistema de inteligencia artificial a delegarle secuencias completas de tareas para que las ejecute con un mayor grado de autonomía.

Para Campanario, esta evolución podría modificar profundamente la manera de organizar empresas y emprendimientos. Sin embargo, advirtió que la velocidad de desarrollo de la tecnología no necesariamente coincide con la capacidad de las personas y organizaciones para incorporarla de manera efectiva.

En ese sentido, planteó que uno de los aspectos centrales no es solamente cuánto avanza la inteligencia artificial, sino cuál es la tasa de absorción de esas innovaciones. La disponibilidad de una herramienta, remarcó, no garantiza por sí sola mejoras de productividad ni transformaciones exitosas.

El fenómeno también requiere importantes inversiones en infraestructura tecnológica. El crecimiento de los centros de datos y de la capacidad computacional necesaria para sostener los nuevos modelos constituye otro componente de una transformación que trasciende el ámbito estrictamente digital.

Lo humano puede convertirse en un diferencial

Frente al crecimiento de la automatización, Campanario destacó una aparente paradoja: cuanto mayor sea la disponibilidad de capacidades tecnológicas, más valor podrían adquirir aquellas características difíciles de reproducir mediante algoritmos.

Confianza, autenticidad, empatía, creatividad y construcción de vínculos aparecen así como activos relevantes dentro de lo que definió como un nuevo “sector relacional”. En determinadas actividades, el contacto entre personas podría convertirse en una parte central de la experiencia ofrecida al cliente.

Esta transformación también alcanza al empleo. Según Campanario, el cambio no debe analizarse únicamente en términos de desaparición de puestos laborales, sino principalmente a partir de la modificación de las tareas que componen cada ocupación.

“No se va a perder el trabajo; lo que estamos perdiendo es la descripción tradicional del trabajo”, afirmó. Algunas funciones administrativas y tareas iniciales de análisis presentan mayores posibilidades de automatización, mientras que la gestión estratégica, la toma de decisiones complejas y muchas actividades realizadas en el terreno mantienen una fuerte participación humana.

Experimentar para comprender la tecnología

Ante la aparición permanente de nuevas aplicaciones y plataformas, Campanario recomendó evitar la pretensión de conocerlas todas. En cambio, propuso incorporar un hábito de experimentación periódica que permita entender sus posibilidades concretas.

La estrategia consiste en dedicar algunas horas semanales a probar herramientas, identificar casos de uso y evaluar cuáles pueden aportar valor real a cada actividad. Para el especialista, la práctica directa adquiere especial importancia porque los marcos conceptuales pueden quedar rápidamente desactualizados frente a la velocidad del cambio.

Este proceso, sin embargo, requiere evitar decisiones impulsivas. La sucesión constante de novedades puede generar ansiedad y llevar a empresas y profesionales a implementar tecnologías sin una estrategia definida.

Por ese motivo, Campanario planteó la necesidad de combinar innovación con una perspectiva de mediano plazo. Incorporar inteligencia artificial no implica transformar todas las actividades simultáneamente, sino identificar dónde puede generar mejoras concretas y cuáles son las capacidades humanas que conviene preservar y fortalecer.

En un escenario donde la tecnología continuará evolucionando, el desafío para las organizaciones será desarrollar capacidad de adaptación sin perder de vista aquello que las diferencia. La incorporación pragmática de nuevas herramientas, combinada con confianza, creatividad y vínculos humanos, aparece así como una de las claves para transitar la redefinición del trabajo.

Fuente: https://www.contenidoscrea.org.ar/empresa/el-futuro-tiempo-real-inteligencia-artificial-aceleracion-y-la-redefinicion-del-trabajo-n5328586

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