Ensayos del INTA Mendoza lograron hasta 14,5 kg/m² y reducciones del 65% en el uso de agua. El manejo de luz, ambiente y nutrición aparece como clave para potenciar estos sistemas.
La agricultura vertical se presenta como una alternativa para intensificar la producción de alimentos utilizando menos superficie y agua. Ensayos realizados por investigadores del INTA Mendoza mostraron importantes incrementos de rendimiento y una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los recursos mediante el control de variables ambientales y productivas.
El trabajo forma parte de un proyecto internacional cofinanciado por FONTAGRO, desarrollado en cooperación con organismos científicos y tecnológicos de América Latina y el Caribe. La investigación analiza sistemas de producción en ambientes controlados y protegidos, donde es posible regular temperatura, humedad, iluminación LED y fertirriego.
Según explicó Germán Darío Aguado, investigador del INTA Mendoza, los sistemas evaluados alcanzaron rendimientos de hasta 14,5 kilogramos por metro cuadrado de superficie horizontal. Esa productividad representó un incremento superior al 300% respecto de un cultivo realizado en suelo bajo invernadero con manejo eficiente.
El ahorro de agua fue otro de los resultados destacados. Los ensayos realizados en Mendoza registraron reducciones del consumo por superficie de hasta un 65% frente a un sistema de cultivo en suelo tecnificado. De acuerdo con Aguado, dependiendo del esquema utilizado, la agricultura vertical puede consumir entre un 30% y un 40% del agua requerida por la agricultura tradicional en ambientes protegidos y hasta un 15% respecto de sistemas a campo sin cobertura.
La luz, una variable estratégica
Una de las particularidades de estos sistemas es la posibilidad de controlar de manera precisa la iluminación. En los ensayos, el aumento de la intensidad lumínica estuvo asociado con incrementos cercanos al 60% en el rendimiento dentro de un mismo sistema de cultivo.
“Esto evidencia la fuerte respuesta de los cultivos a la calidad e intensidad de radiación”, explicó Aguado. La iluminación LED deja así de funcionar únicamente como una fuente de luz para convertirse en una herramienta de manejo que permite modificar su intensidad y espectro de acuerdo con las necesidades del cultivo.
Los investigadores también compararon los sistemas verticales con hidroponía convencional y producción en suelo. El control de temperatura, humedad, nutrición y radiación permite generar condiciones más estables y ajustar la producción a objetivos específicos, reduciendo parte de la variabilidad asociada al ambiente exterior.
Además de incrementar la productividad, el manejo de esas variables abre posibilidades para modificar determinados atributos de los alimentos. El objetivo no pasa solamente por obtener un mayor volumen, sino también por producir alimentos diferenciados en función de características nutricionales y compuestos de potencial interés para el mercado.
Una alternativa para regiones con recursos limitados
En zonas como Cuyo, estos sistemas podrían ofrecer alternativas frente a restricciones relacionadas con la disponibilidad de agua, el suelo y las variaciones de temperatura. “A nivel local, la agricultura vertical presenta un alto potencial de desarrollo, respondiendo a desafíos estructurales, ambientales y de mercado”, señaló Aguado.
La tecnología puede combinar iluminación LED, hidroponía, aeroponía o diferentes sustratos, junto con estrategias específicas de nutrición y manejo ambiental. Por eso, los especialistas advierten que no existe un único modelo de agricultura vertical: el diseño debe adaptarse al cultivo, las condiciones del lugar y los objetivos productivos.
La investigación se desarrolla en el marco de un proyecto regional en el que el INTA trabaja junto con organismos de Panamá, Costa Rica y Colombia. El objetivo es generar información sobre el desempeño de estos sistemas en diferentes condiciones y evaluar cómo pueden incorporarse a los esquemas productivos existentes.
Los resultados obtenidos hasta el momento muestran que la agricultura vertical puede convertirse en una herramienta para determinados segmentos de la producción intensiva. La posibilidad de multiplicar los rendimientos por superficie, reducir el consumo de agua y controlar con precisión el ambiente productivo aparece entre sus principales ventajas.



