La experiencia de un integrante de la Chacra Aapresid La Paloma muestra cómo el manejo del suelo, la cobertura, el agua y la nutrición son claves para sostener los rindes en sistemas agrícolas exigidos.
Tras más de veinte años de agricultura continua, numerosos productores del noreste argentino comenzaron a detectar señales de desgaste en sus sistemas productivos. Rendimientos estancados, mayor sensibilidad a las sequías y una creciente variabilidad entre campañas impulsaron un replanteo integral del manejo. Ese es el camino que emprendió Eduardo Arduino, productor de la Chacra Aapresid La Paloma, en Santiago del Estero, junto a otros productores y con el acompañamiento de especialistas del INTA, la Universidad Nacional de Entre Ríos y empresas del sector.
Uno de los principales problemas identificados fue la compactación del suelo, una limitante que reduce el desarrollo de las raíces y dificulta tanto la captación de agua como la absorción de nutrientes. Frente a este escenario, el foco dejó de estar únicamente en el rendimiento de cada cultivo para pasar a priorizar la recuperación de la estructura del suelo. En esa estrategia, la cobertura cobró un papel central, impulsando cambios en las rotaciones, la incorporación de cultivos de servicio y una mayor participación de especies capaces de aportar biomasa y proteger la superficie.
El manejo del agua también pasó a ser un factor determinante. Arduino explicó que hoy las decisiones se toman a partir del monitoreo del perfil hídrico del suelo y no solamente observando el estado de los cultivos. Esta información permite definir el momento adecuado para finalizar un cultivo de servicio cuando el agua disponible puede comprometer el desarrollo del cultivo de renta siguiente, buscando siempre un equilibrio entre conservación del suelo y productividad.
La nutrición fue otro de los aspectos revisados. En sistemas con menor exploración radicular, la fertilización dejó de ser una variable secundaria para convertirse en una herramienta indispensable. El productor destacó la importancia creciente de micronutrientes como el zinc, especialmente en maíz, y el uso de aplicaciones foliares cuando las condiciones del suelo limitan la absorción. Al mismo tiempo, el manejo de malezas también requirió nuevos enfoques, ya que la menor cobertura favorece la proliferación de especies problemáticas, mientras que los cultivos de servicio ayudan a reducir su emergencia y mejorar la eficacia de los controles.
Además de estos desafíos, los productores trabajan para minimizar los efectos de la deriva de herbicidas, un problema frecuente en regiones con alta diversidad de cultivos. Si bien los bioestimulantes mostraron resultados positivos para favorecer la recuperación de plantas afectadas, Arduino remarcó que la verdadera solución continúa siendo la prevención mediante buenas prácticas de aplicación. Para el productor, el mayor aprendizaje fue comprender que sostener la productividad en el tiempo requiere entender el funcionamiento integral del sistema y tomar decisiones basadas en información, más allá de los resultados de una campaña puntual.
Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a1717bcbf363b3159eecb34


