Nuevas investigaciones ponen en discusión los límites entre resistencia y tolerancia a herbicidas, en un contexto donde aumentan los casos de malezas difíciles de controlar y evolucionan los conocimientos científicos.
El crecimiento sostenido de malezas que sobreviven a los tratamientos con herbicidas volvió a instalar un debate clave para la agricultura: ¿existe realmente una diferencia clara entre resistencia y tolerancia? Aunque ambos conceptos fueron históricamente considerados categorías distintas, los avances en genética, biología molecular y evolución de poblaciones muestran que los límites entre uno y otro podrían no ser tan definidos como se pensaba.
La problemática adquiere especial relevancia en Argentina, uno de los países con mayor cantidad de casos de resistencia registrados. Tras décadas de utilización repetida de un número reducido de principios activos y sistemas de producción simplificados, hoy se contabilizan más de medio centenar de biotipos resistentes. Este escenario obliga a revisar no solo las estrategias de manejo, sino también la forma en que se interpretan los procesos biológicos que explican la supervivencia de las malezas.
Según las definiciones tradicionales, una maleza resistente es aquella que, tras un proceso de selección, adquiere la capacidad hereditaria de sobrevivir a dosis de herbicidas que normalmente serían letales para la especie. En cambio, la tolerancia se considera una característica natural, propia de determinadas especies, que les permite soportar esos tratamientos sin haber atravesado un proceso de selección. Sin embargo, los especialistas advierten que en muchos casos resulta difícil determinar el origen de esa capacidad de supervivencia, especialmente cuando intervienen procesos como el flujo génico entre poblaciones o mecanismos metabólicos complejos.
A medida que la investigación avanza, también aparecen situaciones intermedias que desafían las definiciones clásicas. Existen especies donde la resistencia se encuentra tan difundida que prácticamente ya no quedan poblaciones susceptibles para establecer comparaciones, mientras que otras presentan distintos niveles de sensibilidad según el ambiente, la historia del lote o la presión de selección ejercida por los herbicidas. Estas «zonas grises» dificultan clasificar con precisión cada caso y obligan a interpretar la información con mayor profundidad.
Más allá de la discusión terminológica, los especialistas coinciden en que el desafío principal pasa por comprender la evolución de las malezas como un proceso dinámico y continuo. La aparición de resistencias múltiples y de mecanismos que no dependen exclusivamente del sitio de acción del herbicida exige estrategias de manejo más integrales, basadas en la diversificación de prácticas y en un conocimiento cada vez más profundo de los procesos biológicos involucrados. En este contexto, entender cómo evolucionan las malezas resulta tan importante como elegir correctamente el herbicida.
Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a19ada4bf363b3159eff055



