La queratoconjuntivitis infecciosa bovina afecta el bienestar animal y reduce la producción de carne y leche. El diagnóstico temprano y la prevención son fundamentales.
La queratoconjuntivitis infecciosa bovina es una de las enfermedades oculares de mayor impacto en la ganadería debido a su elevada capacidad de afectar a numerosos animales dentro de un rodeo. Además de comprometer el bienestar de los bovinos, provoca pérdidas productivas al dificultar la alimentación y el consumo de agua.
La enfermedad afecta principalmente a animales de recría y suele presentarse con mayor frecuencia en sistemas intensivos. Factores ambientales como la alta radiación ultravioleta, las elevadas temperaturas, la escasez de sombra y la presencia de moscas favorecen su aparición y propagación. Estos insectos, además de actuar como vectores, pueden producir pequeñas lesiones en la córnea que facilitan el desarrollo de la infección.
Los primeros signos clínicos incluyen lagrimeo constante, parpadeo frecuente y enrojecimiento de la córnea, que comienza a vascularizarse. Ante la detección de estos síntomas, los especialistas recomiendan iniciar el tratamiento lo antes posible para evitar complicaciones y minimizar las pérdidas productivas.
El tratamiento se basa principalmente en la administración de antibióticos, cuya elección dependerá del criterio del médico veterinario y del seguimiento de cada caso. En algunos animales también se utilizan antiinflamatorios para aliviar el dolor y mejorar su recuperación.
Como medida preventiva, existen vacunas que ayudan a reducir la cantidad de casos clínicos y a favorecer una recuperación más rápida. Si bien no impiden por completo la aparición de la enfermedad, contribuyen a disminuir su gravedad y el riesgo de lesiones permanentes, como la pérdida del ojo, mejorando así la sanidad y la eficiencia de los sistemas ganaderos.
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