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Cultivos de servicio: claves para mejorar carbono, nutrientes y rindes

Ensayos del INTA muestran que los cultivos de servicio reducen pérdidas de nitrógeno, aumentan el carbono del suelo y pueden mejorar el rendimiento del maíz con un manejo adecuado.

La incorporación de cultivos de servicio en las rotaciones agrícolas de la región pampeana se consolida como una estrategia para mejorar la salud del suelo y la eficiencia de los sistemas productivos. Ensayos de largo plazo del INTA Pergamino muestran beneficios sobre el carbono orgánico, el ciclado de nutrientes y los rendimientos, aunque advierten que el manejo debe contemplar especialmente la disponibilidad de agua.

Durante una jornada de Tranqueras Abiertas organizada en El Trébol por la región CREA Sur de Santa Fe, Silvina Restovich, especialista del Grupo de Gestión Ambiental del INTA Pergamino, explicó que los extensos barbechos otoño-inverno-primaverales favorecen la pérdida del nitrógeno liberado por la mineralización de la materia orgánica. Frente a ese escenario, los cultivos de servicio permiten capturar entre el 50% y el 90% del nitrógeno potencialmente lixiviable y almacenarlo temporalmente en la biomasa vegetal.

La magnitud del beneficio depende también de las características de cada suelo. En los Argiudoles típicos, con mayor contenido de arcilla y restricciones al drenaje vertical, las pérdidas por lixiviación son menores. En los Hapludoles típicos, en cambio, el mayor drenaje incrementa el riesgo de pérdida de nitrógeno, por lo que las coberturas adquieren especial importancia para retenerlo.

Los efectos también se observan sobre el carbono orgánico. En lotes degradados luego de tres décadas de monocultivo de soja bajo siembra directa, la incorporación de vicia junto con avena permitió recuperar progresivamente carbono y nitrógeno orgánico en los primeros 30 centímetros. En rotaciones maíz-soja, la inclusión sostenida de Vicia faba o Vicia sativa llegó a generar incrementos acumulados de hasta 10 toneladas de carbono orgánico en los primeros 20 centímetros luego de dos décadas.

La cantidad y calidad de la biomasa producida varía según la especie utilizada. Las crucíferas, como el nabo forrajero, pueden generar entre 1.000 y 5.000 kilos de materia seca por hectárea, mientras que gramíneas como avena y centeno promedian alrededor de 5.000 kilos. Las leguminosas, solas o consociadas, pueden alcanzar entre 5.000 y 12.000 kilos por hectárea.

Otro aspecto determinante es la relación carbono-nitrógeno de los residuos. Las leguminosas presentan una rápida mineralización y liberación de nutrientes, mientras que las gramíneas pueden provocar una inmovilización transitoria del nitrógeno. Las mezclas permiten alcanzar una situación intermedia, combinando la disponibilidad de nutrientes con una mayor persistencia de la cobertura sobre la superficie.

El momento de terminación del cultivo de servicio también resulta clave. En ensayos con maíz tardío, retrasar el secado hasta siete o diez días antes de la siembra mejoró en promedio un 14% la sincronización de la liberación de nitrógeno con los momentos de mayor demanda del cereal. Sin embargo, mantener durante más tiempo el cultivo de servicio aumenta el consumo de agua, por lo que la estrategia requiere contar con precipitaciones suficientes para recuperar la humedad del perfil.

Cuando las condiciones hídricas son adecuadas, los beneficios pueden trasladarse directamente al rendimiento. En campañas normales o con perfiles bien abastecidos de agua, los tratamientos con vicia o mezclas de avena y vicia registraron incrementos de entre 2.000 y 3.000 kilos de maíz por hectárea respecto de los lotes mantenidos en barbecho limpio.

Las raíces representan otro componente central de estos sistemas. Cerca de la mitad de la biomasa radicular de los cultivos de servicio se concentra en los primeros cinco centímetros del suelo, favoreciendo la estabilidad estructural y la actividad biológica. Además, combinaciones de especies con diferentes arquitecturas radiculares pueden incrementar la presencia de macro y mesoporos, reducir la densidad aparente y mejorar la infiltración.

Los trabajos del INTA Pergamino también evaluaron la integración con la ganadería. Los resultados indican que el pastoreo controlado de los cultivos de servicio puede potenciar el ciclado de nutrientes, entre ellos el fósforo, sin provocar un deterioro significativo de la estructura física del suelo. De esta manera, las coberturas aparecen como una herramienta para intensificar los sistemas productivos, siempre que su manejo se adapte al ambiente y a la disponibilidad hídrica de cada campaña.

Fuente: https://www.contenidoscrea.org.ar/agricultura/cultivos-servicio-un-aliado-esencial-consolidar-sistemas-productivos-sostenibles-n5328527

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