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Mancha blanca en maíz: una campaña con alta presión de enfermedades

La REM de Aapresid analizó una campaña marcada por la mancha blanca y otras enfermedades, y destacó la importancia del monitoreo, la genética y las decisiones anticipadas.

La campaña 2025/26 dejó un escenario sanitario complejo para el maíz, con una fuerte presencia de enfermedades en distintas regiones productivas. En un nuevo episodio de Integrando Manejos, el podcast de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid, el ingeniero agrónomo Tino De Rossi analizó las condiciones que favorecieron estas problemáticas y las principales herramientas disponibles para enfrentarlas.

Uno de los factores determinantes fue el ambiente. En numerosas regiones se registraron precipitaciones frecuentes y una elevada humedad durante buena parte del ciclo, generando condiciones favorables para el desarrollo continuo de enfermedades. Mientras algunos maíces tempranos atravesaron períodos de déficit hídrico, muchos planteos tardíos contaron con una buena disponibilidad de agua y mayor presión sanitaria.

Entre las enfermedades que ganaron protagonismo se destacó la mancha blanca, una problemática que ya había sido detectada en campañas anteriores, pero que este año alcanzó una presencia mucho más extendida y agresiva. De Rossi explicó que su desarrollo comienza a partir de la bacteria Pantoea ananatis y puede verse favorecido por períodos prolongados de mojado foliar y temperaturas moderadas hacia el final del ciclo.

También se registraron casos severos de carbón de la panoja, especialmente en maíces de siembra temprana. En algunos lotes de la zona núcleo se observaron niveles de plantas afectadas de entre 35 y 55%, mientras que en situaciones puntuales de Necochea los registros llegaron incluso al 70 u 80%. La enfermedad puede provocar deformaciones y dejar las espigas completamente improductivas, con un impacto directo sobre el rendimiento.

Frente a este escenario, la elección de la genética aparece como una de las primeras barreras de manejo. El especialista remarcó la necesidad de conocer el comportamiento sanitario de cada híbrido según la región y la fecha de siembra. También señaló que, para enfermedades como la mancha blanca y la cercosporiosis, la evaluación de materiales con mejor comportamiento todavía se encuentra en una etapa relativamente reciente.

El control químico constituye otra herramienta importante, aunque su uso debe responder al monitoreo y al diagnóstico de cada lote y no a una receta fija por estado fenológico. El historial del lote, las condiciones ambientales, el tipo de enfermedad y la susceptibilidad del material son algunos de los factores que deben considerarse antes de decidir una aplicación.

De Rossi también se refirió al achaparramiento del maíz y a la necesidad de continuar vigilando las poblaciones de chicharrita. Si bien las decisiones sobre fechas de siembra y genética permitieron reducir el impacto respecto de la epidemia de 2023/24, advirtió que las poblaciones del vector volvieron a alcanzar niveles elevados en algunas regiones y que el comportamiento durante el invierno será determinante para la próxima campaña.

Finalmente, el especialista sostuvo que la sanidad del maíz exige abandonar las recetas rígidas y adoptar una mirada integral. Genética, nutrición, fecha de siembra, monitoreo, ambiente y control deben analizarse en conjunto para anticipar problemas y sostener el potencial productivo frente a un escenario sanitario cada vez más dinámico.

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