Una empresa CREA combina riego con maíz, trigo, soja, maní, garbanzo y trigo candeal para estabilizar la producción, buscar mayores rindes y ampliar sus alternativas comerciales.
La incorporación de riego y la diversificación entre commodities y cultivos de especialidad forman parte de la estrategia productiva de Sildaria SA, una empresa familiar integrante del grupo CREA Jesús María, en el norte de Córdoba. El objetivo es reducir riesgos, aumentar la estabilidad de los rendimientos y sostener diferentes alternativas comerciales más allá del resultado de una campaña puntual.
La firma nació durante la década de 1990, cuando la familia Peláez adquirió dos establecimientos en Núñez del Prado y Tinoco. Los campos, originalmente ganaderos, evolucionaron hacia sistemas principalmente agrícolas, aunque se mantuvo un feedlot con capacidad para 1.600 animales. Actualmente, el planteo combina trigo, soja y maíz con especialidades como maní, garbanzo y trigo candeal.
El primer equipo de riego fue incorporado en 2007. Hoy la empresa dispone de cuatro pivotes centrales que cubren 455 hectáreas, pero que pueden desplazarse entre diferentes posiciones, llevando la superficie potencialmente regable hasta unas 910 hectáreas. La expansión estuvo condicionada por la disponibilidad de agua subterránea y requirió sucesivas perforaciones para abastecer los equipos.
El incremento de los costos energéticos representa uno de los principales desafíos. Todos los pivotes funcionan con electricidad y actualmente aplicar un milímetro de agua cuesta alrededor de US$1,20, frente a los US$0,60 o US$0,70 de años anteriores. A esto se suma la elevada inversión inicial y la necesidad de considerar la calidad del agua, ya que altos niveles de sales y dureza pueden acelerar el deterioro de los equipos.
Pese a esos costos, Gonzalo Correa Peláez, responsable de logística y comercialización de Sildaria, considera que la inversión se recupera a través de una mayor producción. La empresa utiliza el riego principalmente en maíz y trigo, aunque la herramienta no se limita a compensar períodos de sequía: también permite buscar potenciales superiores cuando las condiciones ambientales acompañan.
Ese enfoque requiere complementar el agua con ajustes en fertilización, implantación y manejo agronómico. En la última campaña, Sildaria obtuvo hasta 145 quintales por hectárea en maíz sembrado después de maní y alcanzó un récord de 91 quintales por hectárea en trigo. Para la empresa, esos resultados demuestran que el riego aporta previsibilidad, pero solamente expresa su potencial cuando forma parte de un paquete tecnológico integral.
Incluso frente a un año Niño, la estrategia contempla utilizar los equipos cuando sea necesario. Una lluvia importante puede estar seguida por varias semanas de altas temperaturas y ausencia de nuevas precipitaciones. En esos períodos, el aporte puntual de agua permite evitar estrés hídrico y preservar el potencial de los cultivos hasta que vuelvan las lluvias.
Dentro de la estrategia de diversificación, el maní bajo riego comenzó a producirse en la campaña 2024/25. En el segundo año, Sildaria participó de un esquema asociativo con otras dos empresas para distribuir costos y riesgos. El semillero El Carmen aportó semillas y labores, la empresa puso la tierra y el riego y una agronomía suministró los insumos.
Los resultados fueron positivos y, tras la cosecha de maní, el maíz posterior alcanzó 145 quintales por hectárea. Sin embargo, la experiencia también mostró dificultades, entre ellas el control del maní guacho y la limitada disponibilidad de maquinaria específica. Según Correa Peláez, la capacidad operativa del país permitiría trabajar unas 350.000 hectáreas, frente a una superficie implantada cercana a las 530.000, lo que puede generar importantes demoras en la cosecha.
Otra especialidad es el garbanzo, presente en la rotación desde 2012. Aunque históricamente llegó a comercializarse entre US$800 y US$900 por tonelada, durante los últimos años los valores descendieron hacia los US$350 a US$400. A ello se suman las exigencias de calidad, especialmente de calibre y manejo sanitario, necesarias para acceder a los mercados de consumo humano.
La última campaña mostró los riesgos asociados con estas producciones: aproximadamente el 70% del garbanzo obtenido no alcanzó los estándares comerciales previstos y terminó destinado al feedlot como fuente de proteína. Solo el 30% restante pudo comercializarse en el mercado originalmente buscado.
La empresa también volverá a sembrar trigo candeal mediante un convenio con Molinos Sytari. El cereal, destinado a la elaboración de pastas, rindió alrededor de 68 quintales por hectárea durante la experiencia anterior. A diferencia de un commodity, requiere una logística específica, con almacenamiento y entregas programadas según los cupos disponibles en la industria.
Para Sildaria, la clave está en evaluar estas alternativas con una mirada de largo plazo. “No hay que probar y retirarse. Hay que apostar y aguantar”, resumió Correa Peláez. La combinación de riego, commodities y especialidades busca precisamente eso: distribuir riesgos y construir un sistema capaz de aprovechar los buenos ciclos comerciales y productivos sin abandonar una estrategia ante el primer resultado adverso.



