Aapresid analizó el rol de los bioestimulantes y biocontroladores y remarcó que deben complementar el manejo agronómico, con objetivos definidos y resultados validados a campo.
El uso de productos biológicos continúa ganando espacio en la agricultura, aunque su creciente oferta también genera interrogantes sobre sus funciones, formas de aplicación y resultados. En un nuevo episodio de Lógica Bio, el podcast de la Red de Biológicos de Aapresid, Martín Torres Duggan analizó junto a Nicolás Romano las principales claves para incorporar estas tecnologías a los sistemas productivos.
El especialista explicó que, dentro de los productos biológicos, pueden distinguirse dos grandes grupos: los biocontroladores y los bioestimulantes. Los primeros apuntan a mitigar adversidades bióticas, mientras que los segundos pueden contener microorganismos o sustancias bioactivas y contribuir, entre otras funciones, a mejorar la eficiencia en el uso de los nutrientes y la respuesta de las plantas frente a situaciones de estrés abiótico.
Uno de los conceptos centrales es que los bioestimulantes no deben considerarse sustitutos directos de la fertilización. Su incorporación debe plantearse como un complemento de una adecuada nutrición de los cultivos, capaz de mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles. Por eso, Torres Duggan remarcó la necesidad de integrarlos dentro de una estrategia que contemple la fertilidad del suelo, el diagnóstico y el manejo de nutrientes.
El momento y la forma de aplicación también resultan determinantes. No existe una receta única: algunos productos pueden utilizarse antes de un período de estrés para mejorar la respuesta posterior del cultivo, mientras que otros pueden intervenir una vez ocurrido el problema. La decisión debe estar respaldada por el modo de acción del producto, información técnica y ensayos que validen su posicionamiento agronómico.
Respecto de los resultados, el especialista señaló que los efectos sobre el rendimiento suelen ser moderados y variables según el ambiente. En bioestimulantes microbianos con varios años de investigación se registraron respuestas del orden del 4 al 6%, con mejores resultados frente a situaciones de estrés intermedio, como déficits hídricos puntuales, golpes de calor o heladas. En condiciones ideales, en cambio, su impacto suele ser menor.
Finalmente, desde Aapresid advirtieron que la expansión de la oferta obliga a evaluar cada tecnología con criterios técnicos y evitar considerar a los biológicos como soluciones aisladas o “productos mágicos”. La generación de información científica, los ensayos a campo y la definición de usos concretos aparecen como factores fundamentales para determinar cuáles aportan valor y facilitar mejores decisiones por parte de productores y asesores.
Fuente:



