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Arañuela en soja: monitoreo y aplicación, claves para evitar pérdidas

La REM de Aapresid advirtió que el calor y el estrés hídrico favorecen su avance y remarcó la importancia de detectar los primeros focos y lograr una aplicación de calidad.

Las altas temperaturas, la baja humedad relativa y las situaciones de estrés hídrico generan condiciones favorables para el desarrollo de la arañuela roja en soja. Así lo explicaron Mariano Luna, especialista en aplicación de fitosanitarios del INTA Pergamino, y Federico Peralba, referente del área de Entomología de la misma experimental, durante un nuevo episodio de Integrando Manejos, el podcast de la REM de Aapresid.

La plaga, identificada como Tetranychus urticae, puede acelerar notablemente su ciclo bajo condiciones de calor. Mientras que a 20 °C puede demorar cerca de tres semanas en completar su desarrollo desde huevo hasta adulto, con temperaturas de entre 30 y 35 °C ese período puede reducirse a entre siete y diez días. A esto se suma que la baja humedad limita la acción de uno de sus enemigos naturales y favorece las condiciones de alimentación sobre las hojas.

Los primeros síntomas aparecen generalmente en el envés de las hojas como pequeñas puntuaciones amarillentas o blanquecinas. Con el avance del daño, estas lesiones se unen, las hojas adquieren una tonalidad más clara y posteriormente cobriza, hasta perder capacidad fotosintética y caer de manera anticipada. La colonización comienza desde la base de la planta y, al alcanzar el tercio medio, la arañuela empieza a generar la característica tela que facilita su desplazamiento y protección.

Los especialistas remarcaron que la plaga no aparece de manera repentina, sino que permanece en el sistema y aprovecha las condiciones ambientales favorables para aumentar rápidamente su población. Por eso, el monitoreo debería comenzar incluso durante el invierno, prestando especial atención a malezas, bordes y sectores donde pueda sobrevivir. También recomendaron recorrer los lotes a pie y observar el envés de las hojas con lupa o con el zoom de un teléfono celular.

Respecto del momento de intervención, señalaron que no conviene permitir que la colonización supere el tercio medio o aproximadamente el 50% de la altura de la planta. Cuando la tela avanza por encima de ese nivel, lograr controles elevados se vuelve mucho más difícil debido a la barrera física que genera y al elevado número de individuos capaces de reinfestar el cultivo.

El manejo químico debe complementarse con la rotación de principios activos para reducir el riesgo de resistencia. Durante la charla se destacó que la arañuela posee una elevada variabilidad genética y que ya existen antecedentes internacionales de resistencia a algunos productos. Por eso, además de seleccionar correctamente el acaricida, resulta fundamental respetar las dosis indicadas y preservar las herramientas disponibles.

Finalmente, Luna puso especial énfasis en la calidad de aplicación. Para alcanzar buenos niveles de control recomendó lograr una elevada cantidad de impactos sobre el cultivo y utilizar gotas de tamaño fino a medio, evitando gotas demasiado gruesas. Equipos terrestres, aviones y drones pueden ser igualmente útiles siempre que estén correctamente regulados. La clave, concluyeron, es anticiparse: monitorear, detectar los primeros focos y actuar antes de que la tela complique el control.

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