Ensayos del INTA muestran que combinar fecha de siembra, grupo de madurez y disponibilidad de agua resulta clave para aprovechar la radiación y potenciar los rindes de soja.
La fecha de siembra y la elección del grupo de madurez son dos decisiones determinantes para definir el potencial de rendimiento de la soja. Ensayos de largo plazo realizados en el centro del país muestran que su combinación debe ajustarse al ambiente, la disponibilidad de agua y la capacidad del cultivo para aprovechar la radiación.
Los resultados fueron presentados durante una Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa organizada por la EEA INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe. Marcos Murgio, investigador del INTA Manfredi e integrante de la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO), analizó diferentes estrategias para planificar el cultivo.
Modificar la fecha de siembra cambia las condiciones de temperatura y radiación que atraviesa la soja durante su período reproductivo. El atraso desplaza las etapas críticas hacia días más cortos y con menor radiación, además de reducir su duración. Según Murgio, esto genera un “doble castigo” que limita la producción de biomasa y, en consecuencia, la formación de granos.
Datos acumulados durante más de 25 campañas de la RECSO en Marcos Juárez muestran una relación positiva entre la radiación recibida entre R1 y R7 y el rendimiento. Este aspecto cobra especial importancia en campañas con buena disponibilidad hídrica, cuando la radiación puede transformarse en uno de los principales factores que condicionan el potencial productivo.
El grupo de madurez también define el potencial
La elección del grupo de madurez modifica tanto la ubicación del período reproductivo como la capacidad del cultivo para desarrollar hojas e interceptar la radiación. En fechas tempranas, los grupos cortos pueden acceder a una mayor oferta de radiación, aunque necesitan generar suficiente cobertura para aprovecharla.
Los ensayos mostraron que, cuando los cultivos de grupos cortos presentan menor porte, reducir la distancia entre hileras puede mejorar la intercepción. Como referencia, Murgio señaló que por debajo de los 70 a 80 centímetros de altura cobra mayor importancia estrechar los surcos.
En siembras posteriores al 10 de diciembre, reducir el espaciamiento de 52 a 26 centímetros mejoró la captación de radiación y generó ventajas de rendimiento en grupos cortos. Una respuesta similar se observó en fechas tempranas: en octubre, el estrechamiento de hileras produjo incrementos de hasta el 60% en un grupo III corto, mientras que el efecto fue menor en materiales de ciclo más largo.
El agua define cuánto riesgo asumir
La disponibilidad hídrica al momento de sembrar es otro factor decisivo. Datos de ocho campañas correspondientes al sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba muestran que adelantar la siembra puede aumentar el rendimiento promedio en ambientes favorables, aunque también incrementa la variabilidad entre campañas.
Con un perfil de suelo bien cargado de agua, la estrategia puede orientarse a explorar mayores potenciales. Cuando las reservas son escasas, en cambio, retrasar moderadamente la implantación puede contribuir a disminuir el riesgo y mejorar los pisos de rendimiento.
Los especialistas remarcan además la importancia de conocer el agua almacenada en profundidad. Ensayos realizados con soja demostraron que el cultivo puede extraer humedad ubicada más allá de los dos metros, por lo que evaluar únicamente las capas superficiales puede ofrecer una imagen incompleta de la disponibilidad hídrica real.
Sin embargo, atrasar la siembra también tiene un límite. Los datos muestran que la pérdida de potencial se acelera hacia fines de noviembre y comienzos de diciembre, cuando las etapas reproductivas comienzan a coincidir con una menor oferta de radiación. “A partir de los primeros días de diciembre el rendimiento se desploma”, advirtió Murgio.
Una estrategia para cada ambiente
Para el sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba, los grupos IV presentan en general una buena adaptación. En ambientes con mayores restricciones hídricas, los ciclos más largos pueden aportar capacidad de compensación y reducir la exposición a determinados períodos de estrés.
Los registros de la RECSO indican que, en ambientes que superan los 4.000 kg/ha, las diferencias entre grupos de madurez pierden relevancia. Por debajo de ese nivel, utilizar grupos algo más largos puede resultar favorable, aunque la respuesta dependerá de cuándo se produzca la restricción hídrica.
De esta manera, no existe una única combinación de fecha de siembra y grupo de madurez válida para todos los lotes. Conocer la reserva de agua, anticipar la oferta ambiental y asegurar que el cultivo pueda interceptar la radiación disponible son aspectos centrales para definir una estrategia que permita equilibrar potencial de rendimiento y riesgo.



