Nicolás Romagnoli, de El Yaguá SRL (CREA Sachayoj), repasó diez años de experiencia: la tecnología vale por la información que genera y no por el ahorro de insumos.
“El mayor aporte económico que genera la tecnología de la siembra variable es la información generada para poder eficientizar los diseños agronómicos; hay un híbrido para cada lote y una densidad para cada ambiente”, indicó Nicolás Romagnoli, de El Yaguá SRL, empresa integrante del CREA Sachayoj (región Chaco Santiagueño).
Lo dijo durante una charla ofrecida en un evento sobre siembra variable organizado por Agroconsultas.
La familia Romagnoli trabaja unas 1.900 hectáreas en la zona de Sachayoj y presta servicios agrícolas en la región. Su camino tecnológico comenzó una década atrás, con el análisis de imágenes satelitales para buscar correlaciones con el NDVI (índice verde).
“Veíamos que se repetían patrones en algunos lotes y no entendíamos de qué se trataba, porque a primera vista no se observaba nada relevante en el lote”, explicó.
Del NDVI a la ambientación
El primer paso fue correlacionar los mapas de NDVI con los de cosecha y realizar las primeras ambientaciones para probar la fertilización variable en maíz.
Después sumaron análisis de suelo, físicos y químicos, como una capa más de registros. La densidad aparente y el conjunto de parámetros físicos fueron los indicadores que mayor correlación mostraron con la variabilidad de rendimientos.
Con esa información disponible decidieron invertir en equipos de siembra variable. “El ahorro de dinero como propósito no considero que sea una buena estrategia, porque la clave de esta tecnología es la eficiencia en el uso de los recursos disponibles”, remarcó.
Según el empresario, una prescripción basada en información sólida mejora la asignación de recursos y también ordena las compras, la logística y hasta el control de stocks.
Auditar siempre la siembra
Romagnoli advirtió que la tecnología no reemplaza el trabajo a campo. “El monitor no reemplaza al protocolo de medición de calidad de siembra. Al contrario: hay que auditarlo siempre si lo que estamos buscando es realizar una siembra de calidad”, señaló.
Ese esfuerzo extra permite generar un mapa de aplicación con muchos datos que, según describió, “funciona como una autopsia”. Con esa metodología construyeron un tablero de control dinámico para tomar mejores decisiones.
“Ojo con mirar la foto, porque la clave está en la película. El valor agregado se logra con datos confiables y para eso se requiere contar con registros de muchas campañas”, indicó.
Para lograrlo, en cada prescripción realizan microensayos que acumulan registros en campañas climáticas contrastantes, con distintos ambientes, densidades e híbridos.
Admitió que no todo es lineal: este año, por problemas de Spiroplasma y un estrés térmico complicado, la tecnología no pudo pagarse en maíz. “Pero eso no le quita valor a las eficiencias ganadas con un análisis integral”, argumentó.
Cinco aprendizajes de diez años
El empresario CREA resumió su experiencia en cinco grandes aprendizajes. Entre ellos, los siguientes:
- Adoptar la tecnología como una decisión estratégica, con capacitación y compromiso del equipo.
- Tener un responsable del proceso, sin importar el tamaño de la organización, que asegure prescripción, conectividad, descarga de datos y control de ejecución.
- No “descansar en la tecnología”: el mejor equipo puede generar disvalor si no se usa con la información adecuada.
- Reconocer los errores a tiempo y resolverlos con ejecutividad, como parte del aprendizaje.
- Sostener la decisión desde la dirección. “De arriba hacia abajo y no al revés”, resumió.
Un informe técnico de CREA y John Deere
El encuentro contó también con la participación de Nicolás Ciancio, del área de Innovación de CREA, quien expuso un informe técnico sobre siembra variable elaborado por la entidad con el apoyo de John Deere.
El documento resume información de empresas proveedoras y usuarios, e indica qué aspectos considerar antes de adoptar la tecnología, qué beneficios se pueden cuantificar y cuál es la relación costo-beneficio, con un análisis de la inversión para un contratista y para un productor.
La experiencia de El Yaguá deja una idea central: la siembra variable rinde cuando se la usa para entender cada ambiente, con datos de varias campañas y con decisión desde la dirección.



