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Herbicidas residuales: el riesgo oculto que puede comprometer la campaña fina

En campañas con escasas lluvias, algunos herbicidas residuales permanecen inactivos y pueden reactivarse con las precipitaciones otoñales, afectando el control de malezas y cultivos como trigo y cebada.

Con el cierre de la cosecha gruesa y el inicio de la planificación de la campaña fina, el manejo de los barbechos vuelve a cobrar protagonismo. En años marcados por la falta de lluvias o precipitaciones irregulares, algunos herbicidas residuales pueden permanecer sin incorporarse correctamente al suelo y reactivarse tiempo después con las lluvias otoñales. Este fenómeno puede modificar la eficacia del control de malezas e incluso provocar problemas de fitotoxicidad en cultivos sensibles como trigo y cebada.

El funcionamiento de los herbicidas residuales depende de que la molécula alcance la zona donde germinan las malezas, ubicada en los primeros centímetros del suelo. Para lograrlo, es indispensable la incorporación mediante lluvias o riego. Cuando esto no ocurre, el producto permanece en la superficie, expuesto a procesos como la fotodegradación, la volatilización o la inmovilización por la materia orgánica, reduciendo su disponibilidad para controlar las malezas en el momento esperado.

Los especialistas indican que la cantidad y el momento de las precipitaciones son determinantes para el éxito de estos tratamientos. Lluvias inferiores a 10 o 15 milímetros suelen generar una incorporación deficiente, mientras que acumulados de entre 25 y 30 milímetros permiten una distribución uniforme del principio activo. También influyen factores como la intensidad de las precipitaciones, el tiempo transcurrido entre la aplicación y la lluvia, las características del suelo y el tipo de herbicida utilizado.

Uno de los escenarios que más preocupa es el denominado «pausa química». En estas situaciones, los herbicidas permanecen parcialmente inactivos durante semanas o meses y se reactivan cuando llegan lluvias importantes. Si bien esto puede mejorar el control de nuevas emergencias de malezas, también aumenta el riesgo de carryover, es decir, la persistencia del herbicida en niveles que pueden afectar a los cultivos implantados posteriormente.

Por este motivo, los especialistas recomiendan reconstruir el historial químico de cada lote antes de sembrar la campaña fina. Conocer qué productos fueron aplicados, cuándo se realizaron los tratamientos, las precipitaciones registradas y las características del suelo resulta clave para reducir el riesgo de fitotoxicidad, evitar pérdidas de rendimiento y planificar estrategias de manejo más seguras. En este contexto, comprender cómo interactúan los herbicidas con las condiciones ambientales se vuelve tan importante como la elección del principio activo.

Fuente: https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/6a199ffabf363b3159efe8a2

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