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La eficiencia productiva reduce la huella de carbono en el cultivo de tomate

Un estudio de CREA en Mendoza y San Juan reveló que una mayor productividad, acompañada por un uso eficiente de los insumos, permite disminuir las emisiones por tonelada de tomate producida.

Un relevamiento realizado en establecimientos productores de tomate de la región CREA Valles Cordilleranos confirmó que la eficiencia productiva es uno de los principales factores para reducir la huella de carbono del cultivo. El trabajo, desarrollado durante la campaña 2023/24 en fincas ubicadas en el este de Mendoza y San Juan, formó parte del Proyecto de Carbono en Sistemas Agropecuarios impulsado por CREA junto con Arcor y UPL.

La investigación evaluó cinco establecimientos con distintos niveles tecnológicos y de productividad, con el objetivo de analizar cómo las prácticas de manejo influyen en las emisiones de gases de efecto invernadero. Los resultados mostraron una importante variabilidad entre los sistemas, aunque dejaron una conclusión clara: aumentar los rendimientos no implica necesariamente un mayor impacto ambiental cuando ese crecimiento se logra mediante un uso eficiente y racional de los recursos.

Los técnicos observaron que los establecimientos con mayor productividad registraron una menor huella de carbono por tonelada de tomate, aun cuando las emisiones por hectárea fueron similares a las de otros modelos. Esto se debe a que una mayor producción permite distribuir las emisiones sobre un volumen más elevado de producto, mejorando el desempeño ambiental de cada tonelada obtenida. En cambio, los sistemas con menores rendimientos presentaron una mayor intensidad de emisiones debido a una menor eficiencia productiva.

El estudio también permitió identificar cuáles son las principales fuentes de emisiones dentro del sistema productivo. La fertilización y el consumo de energía en las labores agrícolas concentraron la mayor parte de la huella de carbono, mientras que la incidencia de la protección de cultivos y el transporte fue considerablemente menor. Según los especialistas, estos resultados muestran la necesidad de optimizar tanto el manejo nutricional como la eficiencia energética para avanzar hacia sistemas más sostenibles.

Uno de los aspectos que despertó mayor interés fue la amplia variabilidad en las dosis de nitrógeno aplicadas por los productores. Los investigadores señalaron que, en muchos casos, la fertilización busca evitar cualquier riesgo de deficiencia nutricional, aunque esa estrategia puede incrementar las pérdidas de nitrógeno por volatilización, lixiviación y emisiones de óxido nitroso cuando las aplicaciones no están sincronizadas con las necesidades reales del cultivo. Por ello, ajustar el suministro de nutrientes al ciclo fenológico del tomate aparece como una de las principales oportunidades para reducir el impacto ambiental sin comprometer la productividad.

Para estimar la huella de carbono de cada establecimiento se utilizó la plataforma Cool Farm Tool, una herramienta internacional que calcula las emisiones de gases de efecto invernadero en función del sistema productivo y del volumen obtenido. La metodología aplicada se basó en los lineamientos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), utilizados para la elaboración de los inventarios nacionales de emisiones. Los responsables del proyecto destacaron que este tipo de evaluaciones permite identificar oportunidades de mejora y diseñar estrategias que combinen mayor competitividad con una producción agrícola ambientalmente más sustentable.

Fuente: https://www.contenidoscrea.org.ar/economias-regionales/medicion-la-huella-carbono-establecimientos-productores-tomate-la-eficiencia-productiva-como-factor-clave-n5328466

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