Ensayos de largo plazo muestran que un pastoreo bien manejado puede mejorar la productividad, favorecer el suelo y optimizar el reciclaje de nutrientes sin perjudicar los cultivos posteriores.
Los sistemas mixtos agrícola-ganaderos pueden generar beneficios productivos, económicos y ambientales cuando agricultura y ganadería son manejadas como partes de un mismo esquema. Así lo explicó Fernanda Gomes Moojen, investigadora del INIA de Uruguay, durante la Jornada de Actualización Técnica “Ganadería rentable”, organizada por la región CREA Córdoba Norte en la Universidad Nacional de Córdoba.
Uno de los principales interrogantes es si el ingreso de animales puede afectar negativamente al cultivo posterior. Según los resultados presentados, al comparar lotes implantados después de coberturas con y sin pastoreo, en el 93% de los casos la productividad agrícola fue igual o superior luego del aprovechamiento ganadero. En promedio, los rendimientos aumentaron 3,4% en soja, 4,7% en poroto, 10,4% en maíz y 10,8% en arroz.
Los beneficios son todavía mayores cuando se analiza la producción total. Un ensayo de 25 años realizado en Brasil mostró que, bajo un pastoreo moderado, la producción conjunta agrícola-ganadera alcanzó un equivalente de 4380 kilos de soja por hectárea, frente a 2820 kilos del planteo exclusivamente agrícola. La diferencia representó un incremento del 55%, explicado principalmente por la producción de carne obtenida durante el invierno.
Sin embargo, la intensidad del pastoreo resulta determinante. Los estudios con raigrás demostraron que consumir demasiado forraje reduce la biomasa remanente y puede afectar diferentes funciones del sistema. Por el contrario, manejos intermedios permiten equilibrar producción animal, disponibilidad de cobertura y desempeño del cultivo siguiente. “Tenemos que entender el equilibrio, que no es ni 40 ni 10 centímetros”, señaló Gomes Moojen.
La cantidad de cobertura también influye sobre las malezas. En los primeros cinco centímetros del suelo se encontraron alrededor de 3700 semillas por metro cuadrado con pastoreo intenso a 10 centímetros, mientras que con alturas de 30 centímetros el registro descendió hasta unas 350 semillas. Una mayor cobertura reduce el ingreso de luz y limita las posibilidades de desarrollo de las malezas.
Otro de los temores habituales es la compactación provocada por el pisoteo. Los ensayos detectaron aumentos en la densidad y resistencia del suelo después del pastoreo, pero concentrados en las capas superficiales. Luego del ciclo de soja, esos efectos desaparecieron y no se registraron diferencias significativas en el rendimiento, lo que mostró una recuperación de la estructura del suelo.
La integración ganadera también mostró efectos favorables sobre las raíces, el carbono y el reciclaje de nutrientes. Con un pastoreo moderado se registraron 1238 kilos de raíces por hectárea, frente a 565 kilos en los tratamientos sin animales. Además, buena parte del nitrógeno, fósforo y potasio consumidos por la hacienda retorna al sistema mediante heces y orina, reduciendo la exportación de nutrientes.
Los resultados sobre carbono orgánico siguieron la misma tendencia. Después de diez años, los sistemas con pastoreo moderado y leve registraron alrededor de 59 y 58 toneladas de carbono por hectárea en los primeros 20 centímetros del suelo, respectivamente, mientras que el pastoreo intensivo alcanzó unas 51 toneladas. También se observaron mejoras en la estructura y la infiltración de agua con manejos menos agresivos.
Para Gomes Moojen, el desafío consiste en superar la simple diversificación. Tener cultivos y animales dentro de una misma empresa no implica necesariamente contar con un sistema integrado. La verdadera integración exige analizar cómo cada decisión sobre pasturas, carga animal, fertilización o inversiones repercute sobre el funcionamiento general del establecimiento.
De esta manera, los ensayos de largo plazo muestran que agricultura y ganadería pueden potenciarse mutuamente. La clave está en encontrar un equilibrio que permita producir carne, mantener cobertura, reciclar nutrientes y preservar el suelo, sin comprometer el rendimiento de los cultivos que continúan la rotación.



