Un productor del CREA Tierra del Fuego logró establecer una pastura consociada tras varios años de pruebas, en una región donde el clima pone a prueba cada decisión productiva.
Producir forraje en Tierra del Fuego representa un desafío poco habitual para la ganadería argentina. Con veranos de hasta 20 horas de luz diaria e inviernos con temperaturas que pueden descender hasta los -10 °C, implantar una pastura requiere paciencia, inversión y una gran capacidad de adaptación. Esa fue la experiencia de Benjamín Roberts, productor ganadero e integrante del CREA Tierra del Fuego, quien decidió avanzar en un proyecto para desarrollar una pastura consociada en un ambiente de extrema complejidad.
El trabajo comenzó durante la campaña 2023/24 con la siembra de avena destinada únicamente a generar una cama de siembra. Las condiciones climáticas impidieron cosechar el cultivo, por lo que fue aprovechado directamente por los animales en pastoreo. Al año siguiente, una mejora en el suelo permitió repetir la experiencia con fertilización, logrando la confección de unos 1.700 rollos, aunque con inconvenientes provocados por la humedad al momento de la cosecha.
Finalmente, en la campaña 2025/26, el establecimiento consiguió una cama de siembra adecuada para implantar una mezcla de pasto ovillo, festuca, trébol rojo, trébol blanco y Timothy, utilizando avena como cultivo de cobertura. Si bien la implantación fue exitosa, las intensas lluvias registradas hacia el final del ciclo deterioraron completamente los rollos confeccionados. A pesar del revés, Roberts mantiene el objetivo de cosechar la pastura durante la próxima temporada y consolidar un sistema forrajero adaptado a las condiciones fueguinas.
El productor explicó que buena parte del proceso se desarrolló mediante prueba y error, ya que existen escasos antecedentes técnicos sobre este tipo de planteos en la región. Aunque contó con el acompañamiento de especialistas del INTA Tierra del Fuego, muchas decisiones debieron ajustarse sobre la marcha. Incluso, la preparación del suelo demandó más labores de las previstas y el abastecimiento de semillas e insumos representó otro obstáculo debido a la distancia y la reducida escala productiva de la zona.
Además del desafío agronómico, la actividad ganadera en Tierra del Fuego enfrenta condicionantes comerciales y logísticos. Las ventas de hacienda suelen concentrarse entre marzo y mayo, lo que incrementa la oferta y presiona los precios a la baja. A ello se suma que parte de los animales destinados a frigoríficos de Río Gallegos debe atravesar territorio chileno por la falta de una conexión terrestre directa entre ambas provincias argentinas. No obstante, Roberts aseguró que la recuperación del valor de la hacienda renovó las expectativas de inversión, aunque reconoció que el menor consumo de carne vacuna en la región sigue afectando el mercado local.



