Ensayos realizados en Salta y Jujuy buscan identificar los cultivares de ajo que mejor responden a cada ambiente y generar nuevas alternativas productivas para la región.
El INTA avanza con la evaluación de diferentes cultivares de ajo en el norte argentino para determinar cuáles presentan una mejor adaptación a las condiciones agroecológicas de la región. Los ensayos buscan generar información que permita fortalecer la producción local y ofrecer nuevas alternativas de diversificación para los productores.
Alejandro Meris, de la Agencia de Extensión Rural Seclantás del INTA, explicó que en el Valle de Luracatao, en Salta, se analizan materiales con diferentes ciclos productivos. Entre ellos se encuentran cultivares tempranos, como Morado y Quilla, y otros de ciclo más largo, además de materiales como Nieve, Gran Fuego y Rubí.
Los cultivares forman parte de una red de difusión y evaluación que permite estudiar su comportamiento bajo diferentes condiciones ambientales. Durante esta campaña se establecieron sitios de evaluación en Rosario de Lerma, Salta, y San Pedro, Jujuy. El objetivo es identificar, entre los materiales disponibles, aquellos que mejor se adapten a cada ambiente.
Una de las características que favorece al cultivo en estas zonas es la combinación de altura, clima fresco y bajas precipitaciones. En este primer año de evaluación, los técnicos observaron un desarrollo adecuado de los materiales, con buenos tamaños, peso y calidad aparente.
Los ciclos varían según cada cultivar. Mientras los ajos tempranos requieren alrededor de siete meses, los materiales tardíos pueden extenderse hasta aproximadamente nueve meses. Con plantaciones realizadas entre febrero y marzo, las cosechas pueden distribuirse entre septiembre y diciembre, permitiendo escalonar la oferta.
Además de su adaptación productiva, el INTA destaca las posibilidades comerciales que ofrece el ajo. Puede comercializarse fresco o deshidratado y aprovechar las condiciones naturales de secado de la región. También puede complementarse con otras producciones, como el perejil, para desarrollar productos con mayor valor agregado y diversificar los ingresos de los productores del norte argentino.
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