El INTA impulsa el aprovechamiento agronómico de efluentes ganaderos para aportar nutrientes y materia orgánica, reducir fertilizantes minerales y promover la economía circular.
El aprovechamiento de los efluentes generados por la producción ganadera puede convertirse en una herramienta para mejorar la fertilidad y la calidad de los suelos agrícolas. En el marco del Congreso Aapresid 2026, especialistas del INTA Marcos Juárez presentaron resultados y estrategias destinadas a promover un manejo eficiente de estos residuos bajo un modelo de economía circular.
Los estudios realizados muestran que la aplicación agronómica de estiércoles y efluentes puede aumentar la disponibilidad de nutrientes esenciales para los cultivos, principalmente nitrógeno y fósforo, además de incrementar los contenidos de zinc. También se observaron mejoras en la actividad biológica y en propiedades físicas del suelo, como la estabilidad de los agregados.
Estos materiales aportan macro y micronutrientes, además de materia orgánica, por lo que pueden permitir el reemplazo total o parcial de la fertilización mineral en determinados sistemas agrícola-ganaderos. De esta manera, los nutrientes generados dentro del propio establecimiento pueden reincorporarse al ciclo productivo y ser aprovechados nuevamente por los cultivos.
El INTA trabaja particularmente con efluentes originados en sistemas de concentración animal. En los tambos, por ejemplo, se generan principalmente durante el ordeñe y el posterior lavado de las instalaciones, mientras que en otros sistemas confinados se acumulan debajo de los galpones. Antes de su utilización agronómica, estos materiales pueden ser tratados y estabilizados mediante lagunas anaeróbicas.
Los especialistas remarcaron que el correcto dimensionamiento de esos sistemas resulta fundamental. Para ello deben considerarse variables como la cantidad y categoría de animales, el volumen de efluentes generado y la superficie agrícola disponible para su aplicación. Un adecuado almacenamiento y tratamiento también permite reducir potenciales impactos negativos sobre los recursos naturales.
Finalmente, su utilización en los cultivos debe planificarse con criterios similares a los empleados para cualquier fertilizante. Definir correctamente las dosis, los momentos y las formas de aplicación, realizar balances de nitrógeno y fósforo y disponer de la maquinaria apropiada son aspectos centrales para aprovechar los nutrientes con mayor eficiencia y transformar un residuo ganadero en un recurso de valor para el sistema productivo.
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