CREA advirtió que la chicharrita no es el único desafío del cultivo. Plagas, enfermedades y malezas exigen monitoreo permanente, información compartida y estrategias integrales.
La chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) continúa ocupando un lugar central entre las preocupaciones de los productores, pero no es el único desafío sanitario que enfrenta el cereal. Plagas, enfermedades y malezas conforman un escenario cada vez más complejo que, según especialistas de CREA, requiere fortalecer el monitoreo y el trabajo colaborativo.
El tema fue analizado en la Mesa de Planes Nacionales CREA, donde Lucas Cazado, líder del área de Protección de Cultivos de la organización, presentó un panorama de la situación. La Red Nacional de Trampas de Monitoreo de la Chicharrita del Maíz y los proyectos de Malezas y Plagas fueron destacados como herramientas fundamentales para generar información y anticipar riesgos.
Durante la campaña 2025/26, Helicoverpa zea y Spodoptera frugiperda estuvieron entre las plagas más relevantes en maíces tempranos, mientras que Dalbulus maidis encabezó las preocupaciones en los planteos tardíos. A esto se suma la detección del quiebre de resistencia del evento MIR 162 en la zona central argentina, una señal de alerta para el diseño de las estrategias de manejo.
Las enfermedades también forman parte de la problemática. La roya común (Puccinia sorghi) continúa siendo una de las más extendidas tanto en maíces tempranos como tardíos. Al mismo tiempo, enfermedades emergentes como la mancha blanca ganaron protagonismo y provocaron daños importantes en determinadas regiones, entre ellas el norte de Córdoba.
En materia de malezas, el yuyo colorado (Amaranthus sp.) sigue encabezando la lista de especies problemáticas, una situación que se mantiene desde hace aproximadamente una década. Para CREA, este conjunto de amenazas demuestra la necesidad de abandonar abordajes aislados y avanzar hacia estrategias integrales de protección del cultivo.
La experiencia con la chicharrita dejó, además, una enseñanza central: las decisiones ya no pueden limitarse únicamente a lo que sucede dentro de cada lote. Conocer cuándo y dónde aparece la plaga, cómo evoluciona su población y qué ocurre en el territorio resulta indispensable para estimar el riesgo y anticipar posibles impactos sobre el cultivo.
La interacción entre población del vector, condiciones ambientales, presencia de hospedantes, estado del cultivo y nivel de infectividad determina finalmente la magnitud del problema. Aunque todavía no existe suficiente información para construir modelos predictivos robustos, los registros históricos y la red de monitoreo permiten interpretar tendencias y mejorar la toma de decisiones.
En la región Centro-Norte, por ejemplo, la presión de Dalbulus maidis durante 2026 es superior a la observada en igual período de 2025. Si bien esta situación podría no comprometer al maíz temprano, representa una señal de atención para los planteos tardíos.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan combinar la información disponible con híbridos tolerantes a Spiroplasma, monitoreo constante y, cuando corresponda, aplicaciones eficientes para contener el crecimiento de las poblaciones de la chicharrita. El objetivo es transformar los datos generados colectivamente en decisiones agronómicas que permitan reducir riesgos y proteger el potencial productivo del maíz.



