Investigadores analizan el verdor de las plantas como indicador de tolerancia al estrés hídrico y una herramienta para seleccionar materiales mejor adaptados a la falta de agua.
Especialistas del INTA estudian el contenido de clorofila de las plantas como una herramienta para identificar cultivos con mayor tolerancia a la sequía. El trabajo busca comprender las respuestas fisiológicas frente al déficit hídrico y aportar información para el desarrollo y selección de materiales capaces de enfrentar condiciones ambientales adversas.
Mariela Monteoliva, especialista del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales del INTA, explicó que observaron que determinados cultivares mantienen sus hojas más verdes durante períodos de sequía. Esta característica está asociada con la conservación de las clorofilas, pigmentos fundamentales para la fotosíntesis.
Según detalló, cuando regresa la disponibilidad de agua, las plantas que conservaron sus clorofilas pueden recuperar más rápidamente su actividad fotosintética y metabólica. En cambio, aquellas que las degradaron durante un estrés severo necesitan volver a sintetizarlas, un proceso que demanda tiempo y energía.
Para estudiar este comportamiento, los investigadores utilizan diferentes metodologías, desde análisis directos y destructivos de las hojas hasta equipos portátiles que permiten medir su verdor sin dañarlas. A estas alternativas se suma el uso de imágenes obtenidas mediante drones y satélites, que posibilitan evaluar numerosas parcelas y materiales a campo durante distintas etapas del cultivo.
Los trabajos se concentraron inicialmente en soja y posteriormente avanzaron sobre maní. En soja, los investigadores encontraron materiales en los que una mayor conservación de clorofila estuvo asociada con una mejor tolerancia al déficit hídrico, mientras que en maní determinaron una fuerte relación entre este mecanismo y la capacidad natural de la especie para enfrentar períodos de escasez de agua.
Desde el INTA señalaron que esta información puede ser incorporada en las etapas previas y durante los programas de mejoramiento genético. El objetivo es contribuir al desarrollo de cultivares comerciales más tolerantes a la sequía y brindar nuevas herramientas para afrontar una creciente variabilidad climática y reducir el impacto del estrés hídrico sobre la producción.
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