Especialistas del INTA destacan que conocer la oferta de pasto ayuda a ajustar la carga, planificar la suplementación y reducir riesgos ante el invierno.
La planificación forrajera se consolida como una herramienta clave para anticiparse a los desafíos productivos y climáticos de los sistemas ganaderos. Desde el INTA remarcaron que, antes del otoño y el invierno, resulta fundamental conocer la cantidad y calidad del alimento disponible en los campos.
El primer paso consiste en medir la oferta de forraje de cada lote, especialmente en establecimientos de cría donde el pastizal natural constituye la principal fuente de alimentación. Con esa información, sumada al pesaje de las distintas categorías del rodeo, es posible comparar la disponibilidad de pasto con las necesidades reales de los animales.
A partir de ese balance, los productores pueden definir si necesitan suplementar determinadas categorías, reducir la carga mediante ventas o reorganizar la rotación de los animales entre los potreros. La planificación también permite evaluar con anticipación qué categorías conviene vender según la coyuntura productiva y comercial.
Los especialistas señalaron que trabajar con una hoja de ruta de al menos seis meses facilita la compra de insumos, mejora la organización financiera y evita decisiones apresuradas frente a eventos climáticos adversos. De esta manera, el productor puede prever dónde estará cada grupo de animales y con qué recursos contará durante el período planificado.
Además del balance forrajero, el INTA realiza un seguimiento de indicadores ambientales para evaluar el impacto del manejo sobre el suelo y la vegetación. A través de puntos georreferenciados, se monitorea anualmente la evolución del sistema con el objetivo de mejorar la productividad sin comprometer los recursos naturales.
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