La experiencia de una empresa CREA en Buenos Aires muestra cómo el ordeñe voluntario exige un nuevo perfil de manejo, basado en el seguimiento individual y el bienestar animal.
La incorporación de robots de ordeñe está transformando la forma de producir leche en Argentina. A diferencia de los sistemas tradicionales, donde el manejo se realiza sobre el rodeo en su conjunto, los tambos robotizados requieren un seguimiento individual de cada animal, modificando tanto la gestión del establecimiento como las habilidades del personal encargado.
Ese cambio de paradigma es el que vive la empresa Mitilike, integrante de los grupos CREA Lincoln y Tambero Robótico, ubicada en Arenaza, partido bonaerense de Lincoln. Allí, el gerente de producción, Álvaro Llorente, explica que cada vaca atraviesa un período de adaptación de aproximadamente dos semanas, durante el cual es acompañada varias veces al día hasta el robot para que aprenda a ingresar de manera voluntaria al sistema de ordeñe. Mientras algunas se adaptan rápidamente, otras necesitan más tiempo e incluso hay animales que nunca logran incorporarse a esta modalidad.
El establecimiento cuenta actualmente con ocho robots de ordeñe y, como complemento, mantiene dos tambos convencionales. Esa combinación permite trasladar a los animales que no alcanzan el nivel de productividad o adaptación requerido para justificar el uso de la tecnología. Según Llorente, el objetivo es conformar un rodeo especialmente preparado para el sistema robotizado, mientras que las vacas con menor desempeño continúan siendo eficientes en los esquemas tradicionales.
Además de automatizar el ordeñe, la tecnología brinda información permanente sobre el comportamiento y la producción de cada vaca, facilitando la detección temprana de problemas sanitarios o fallas en el funcionamiento de los equipos. Sin embargo, también exige una supervisión constante, ya que cualquier inconveniente técnico debe resolverse con rapidez para evitar interrupciones en el sistema.
En los últimos meses, la empresa amplió su capacidad con cuatro nuevos robots, dos de ellos destinados exclusivamente a vaquillonas. Los resultados iniciales fueron alentadores: el nuevo módulo alcanzó un promedio cercano a 3,5 ordeñes diarios por animal. Durante 2025, el tambo robotizado registró una producción promedio de 40 litros de leche por vaca, aunque algunos ejemplares llegan a superar los 60 litros diarios en los momentos de mayor producción.
Más allá de los avances tecnológicos, Llorente advierte que el contexto económico continúa siendo un desafío para la actividad. Si bien el precio de la leche mantiene niveles aceptables en términos históricos, el incremento de los costos vinculados a la energía, los combustibles y otros insumos ha reducido los márgenes del negocio. En ese escenario, sostiene que la eficiencia productiva y el manejo preciso de cada animal son claves para sostener la rentabilidad de los tambos del futuro.



