En el norte santafesino, técnicos del INTA Reconquista recomiendan integrar planificación, elección de híbridos y secado anticipado para disminuir las pérdidas por palomas y cotorras.
El girasol es, desde hace décadas, uno de los cultivos más afectados por el ataque de aves, especialmente palomas y cotorras, que se alimentan de los capítulos en madurez. En el norte de Santa Fe, este problema se repite campaña tras campaña y obliga a repensar las estrategias de manejo para minimizar el impacto económico.
Frente a este escenario, especialistas del INTA Reconquista proponen un enfoque integral que no se limite a intervenciones puntuales, sino que contemple decisiones desde el inicio de la campaña. La planificación, la selección adecuada de híbridos y el manejo del momento de cosecha aparecen como pilares clave para reducir las pérdidas en el tramo final del cultivo.
Los estudios realizados en la región muestran que el daño por aves es altamente variable, tanto entre campañas como dentro de un mismo lote. Esta irregularidad dificulta las estimaciones, pero refuerza la necesidad de anticiparse. En zonas con alta presión de aves, los técnicos recomiendan ajustar densidad, elegir híbridos con capítulos más compactos y planificar el manejo desde la siembra.
En cambio, cuando la presión es menor, el productor cuenta con mayor margen para priorizar el potencial de rendimiento. Sin embargo, una vez que el cultivo ingresa en estados reproductivos avanzados, el foco del manejo se traslada al secado anticipado, una herramienta clave para acortar la permanencia del cultivo en el lote y reducir la ventana de exposición al daño.
Ensayos y experiencias a campo indican que el secado oportuno permite adelantar la cosecha entre 17 y 24 días, según la fecha de siembra. En siembras tempranas, la aplicación se recomienda con aproximadamente 34 % de humedad del grano, mientras que en siembras tardías el umbral puede alcanzar el 53 %, siempre ajustado al híbrido y a las condiciones ambientales.
Los especialistas destacan que esta práctica no afecta la calidad industrial del girasol, ya que la síntesis de aceite se completa antes del final del llenado del grano. Además, remarcan la importancia de respetar los productos habilitados y los períodos de carencia establecidos por el Senasa.
Finalmente, desde el INTA subrayan que el daño por aves debe entenderse como parte del sistema productivo. Integrarlo a la rotación, a la elección del material genético y a cada decisión agronómica es la base para lograr manejos más eficientes y sustentables en el tiempo.



