La sensibilidad de cultivos como el algodón reaviva el debate sobre el uso responsable de herbicidas hormonales y la necesidad de ajustar prácticas para evitar daños fuera del blanco.
En las últimas campañas se registraron daños en cultivos sensibles asociados al uso inadecuado de herbicidas hormonales, especialmente en barbechos o en sistemas con materiales tolerantes. Los episodios, que afectaron entre otros al algodón, volvieron a poner en agenda la importancia de extremar cuidados para sostener su eficacia sin generar impactos indeseados. Desde la REM de Aapresid analizaron el tema junto al Ing. Agr. (Dr.) José Tarragó, del INTA Las Breñas y la UNNE.
En Argentina, el 2,4-D ocupa un lugar central dentro de este grupo de herbicidas auxínicos. Su incorporación transformó el manejo de malezas de hoja ancha y, con la llegada de cultivos tolerantes, amplió notablemente la ventana de aplicación hacia los meses estivales. Sin embargo, esta expansión también incrementó los riesgos de volatilización y deriva cuando las aplicaciones se realizan bajo condiciones ambientales críticas.
Los hormonales pueden provocar efectos a dosis extremadamente bajas. Algodón, legumbres, girasol, vid, hortalizas, frutales y sojas no tolerantes figuran entre los más sensibles. Los síntomas típicos incluyen hojas en “cucharita”, tallos retorcidos, acortamiento de entrenudos, aborto floral y mermas significativas de rendimiento. La mayor frecuencia de uso, combinada con altas temperaturas y baja humedad, explica el aumento de casos de daño fuera del blanco.
El algodón es uno de los cultivos más vulnerables. Presenta malformaciones características como la “hoja pata de rana” y deformaciones en estructuras reproductivas. Según explicó Tarragó, en la última campaña se observaron lotes afectados en estadios más avanzados, con plantas de 11 o 12 nudos, donde la capacidad de recuperación es menor y el impacto productivo mayor.
Frente a este escenario, distintas provincias avanzaron con regulaciones específicas. Chaco estableció restricciones temporales entre agosto y marzo, aunque se debate su revisión. Santa Fe implementó zonas de exclusión y amortiguamiento; Córdoba fijó limitaciones por condiciones ambientales y distancias; Entre Ríos exige recetas agronómicas; y Santiago del Estero definió restricciones zonales y temporales.
Desde el punto de vista técnico, los herbicidas hormonales actúan imitando auxinas naturales, generando un crecimiento descontrolado que deriva en la muerte de la maleza. Entre los activos más utilizados se encuentran 2,4-D, dicamba, MCPA, picloram, clopyralid y fluroxypyr. En Argentina, solo el 2,4-D registra biotipos resistentes confirmados, mientras que a nivel global se reportan 44 casos de resistencia dentro de este grupo químico.
La volatilidad es uno de los principales factores de riesgo. Las formulaciones éster presentan mayor potencial de evaporación que las sales, y por ello el SENASA prohibió en 2019 los ésteres butílicos e isobutílicos de 2,4-D mediante la Resolución 466/2019. Elegir formulaciones menos volátiles, aplicar bajo condiciones climáticas adecuadas, utilizar boquillas que reduzcan gotas finas y respetar zonas de amortiguamiento son prácticas clave para minimizar la deriva.
El desafío actual es compatibilizar tecnologías de control altamente eficaces con sistemas productivos diversos y regionales. La correcta elección del producto, el momento de aplicación y el cumplimiento de las buenas prácticas resultan determinantes para reducir conflictos y preservar el potencial de una herramienta estratégica en el manejo de malezas.
FUENTE : https://www.aapresid.org.ar/es/novedades/697cc455bf363b3159add4cf



