Clara Hernández descubrió su camino en la ganadería regenerativa. La Red CREA fue clave para iniciar su proyecto en el sur bonaerense.
La pandemia marcó un punto de inflexión en la vida de Clara Hernández, quien encontró en el campo una vocación inesperada. Con formación en diseño audiovisual, su rumbo cambió al tomar contacto con experiencias rurales que despertaron su interés por la producción.
El punto de quiebre llegó cuando visitó el campo familiar en Villarino, en el sur de Buenos Aires. Allí descubrió no solo el potencial productivo del establecimiento, sino también problemas de manejo que afectaban tanto a los animales como al pastizal natural.
Decidida a involucrarse, comenzó a formarse en la actividad ganadera y a recorrer otros establecimientos de la región. Ese proceso le permitió identificar oportunidades de mejora y plantear la necesidad de transformar el sistema productivo.
Con el acompañamiento de asesores y la Red CREA, Clara accedió a herramientas técnicas y al intercambio con productores experimentados. Este apoyo resultó clave para evitar errores y avanzar en la planificación de un modelo basado en la ganadería regenerativa.
Antes de asumir el desafío, trabajó durante un año en otro establecimiento para adquirir experiencia práctica. Esa etapa confirmó su decisión de dedicarse a la actividad y le dio herramientas para encarar su propio proyecto.
Actualmente, avanza en la reconversión del campo, incorporando prácticas como el manejo holístico de pastizales, la siembra de forrajes y la organización de módulos productivos. También complementa el sistema con estrategias que le permiten generar ingresos mientras desarrolla su rodeo.
La historia refleja el valor de las redes de conocimiento y el aprendizaje colectivo. Para Clara, producir en el campo no solo implica un desafío económico, sino también una responsabilidad vinculada al cuidado de los recursos y al impacto que la actividad genera.



