El politólogo argentino radicado en Lisboa cerró el congreso de la Federación de Acopiadores con una lectura geopolítica que mezcló Trump, China, Vaca Muerta y la provincia de Buenos Aires. Entrevistado por Fernando Rivara, presidente de la entidad organizadora, dejó una paradoja que resonó en la sala: el país que alimenta al mundo en llamas todavía no sabe quedarse con la plata.
“A todo trigo terminó a todo lujo”, dijo Fernando Rivara al cerrar el congreso. Y la última voz que quedó en el Sheraton Mar del Plata fue la de Andrés Malamud, politólogo argentino, investigador de la Universidad de Lisboa, especialista en relaciones internacionales y en analizar los procesos argentinos con herramientas de precisión.
Pero el punto de partida no fue ni Mar del Plata ni Buenos Aires sino Washington. “Las encuestas muestran hoy a Trump perdiendo terreno de cara a las elecciones intermedias, pero eso es esperable, siempre pasa; lo que no es normal son otras cosas”, dijo Malamud para arrancar fuerte un mano a mano con Rivara.
“Existe un índice global que mide el avance autoritario de los gobiernos. En su primer año, Trump superó a Putin, a Erdogan, a Orbán y a Chávez”, reveló el politólogo. Más medidas de concentración de poder que todos ellos juntos. Y sin embargo, señaló, eso generó su propio antídoto: resistencia en el Congreso, en las Cortes, en los Estados, en la prensa y en los electores.
El problema para la Argentina es que Milei apostó al “capricho del monarca”. Y el monarca, en su segundo mandato sin reelección posible, tiene cada vez menos capacidad de ejecutar. «Hay que juntar reservas antes de que el viento cambie», sintetizó.
Desde el campo, la pregunta es siempre la misma: ¿qué pasa con el comercio internacional? Para el especialista, la OMC, el árbitro histórico de los conflictos entre exportadores e importadores, fue vaciada. Las reglas ya no cuentan. Los tratos los define el poder. Pero al mismo tiempo introdujo una paradoja que pocos esperaban: el que está arriba es el que rompe el orden. El que sube —China— es el que lo quiere preservar, porque fue ese orden el que le permitió crecer.
«¿A quién le pedimos árbitro?», preguntó. Pues, a China. Y los datos lo acompañan. En lo que va de 2026, varias capitales del mundo fueron bombardeadas —Kiev, Teherán, Tel Aviv, Caracas—; ¿Cuántas por China? Cero.
Ahí llegó la frase. “Con el mundo en llamas y Argentina produciendo a pleno, los dólares de la cosecha récord no se acumulan: se van en turismo y al colchón”. Malamud explicó que el equilibrio fiscal tiene dos variables —lo que se gasta y lo que se recauda— y lo que se recauda depende de lo que se mueve la economía. Cuando el Estado frena el gasto, la economía se contrae, la recaudación cae, y el círculo se cierra sobre sí mismo. “Simple de entender. Difícil de resolver”, remató.
Argentina, el mejor de los mundos (o casi)
Sin embargo, la lectura de Malamud sobre la posición argentina en el mapa global fue sorprendentemente optimista. «Argentina está casi en el mejor de los mundos, o casi», dijo. ¿Por qué? En el mundo que se viene —donde los conflictos bélicos son frecuentes, donde la energía y los alimentos son poder— Argentina tiene exactamente eso, lo que hace falta. Alimentos. Minería. Energía. Y distancia.
Ucrania también produce trigo, señaló, pero si no puede sacarlo del puerto, si el campo está bajo artillería, la semilla más innovadora del mundo no vale nada. La geografía, en este nuevo orden, es un activo.
Eso le dio pie para abordar de lleno la política nacional con una reflexión fuerte: “Argentina dejó de ser solo la Pampa Húmeda. Hay un eje vertical —Vaca Muerta, litio, cobre, gas— que es la Argentina que crece. La pandemia aceleró ese corrimiento. Milei lo consolidó políticamente: ganó las PASO de 2023 con el interior, perdió en el AMBA y aún así ganó la presidencia.
Pero hay una contracara. La Provincia de Buenos Aires concentra el 40% de la población, el 50% del gasto social y el 50% de la pobreza. Es inviable en los términos del nuevo modelo. ¿Hay riesgo de crisis social? Malamud no lo negó. Cuando baja el consumo, baja la recaudación. Cuando sube la tarifa del transporte, en las sociedades de ingreso medio, la historia se repite: el Caracazo en 1989, Chile en 2019, Brasil en 2013. En Argentina, el transporte es el punto de mayor tensión.
Pero hay dos amortiguadores. El primero es la pandemia: dejó una generación que se retrajo hacia adentro, que no piquetea, que canaliza la frustración en redes y en apuestas electrónicas. El segundo es la gestión de los planes sociales (AUH por encima de la inflación, intermediación directa sin organizaciones de por medio). Patricia Bullrich puso el palo. Sandra Pettovello ofreció la zanahoria. Las dos fueron necesarias. La zanahoria, dijo Malamud, es la que dura.
El cierre fue sobre la clase media y la corrupción. Los casos dentro del gobierno generan grietas en la confianza. La clase media tiene una aspiración distinta a los sectores populares: no espera que nadie robe, o al menos espera que los propios no lo hagan. “Por eso Patricia Bullrich salió a desmarcarse del jefe de gabinete”, explicó.
Pero ya sabemos que todos funcionamos por “sesgo de confirmación”. Buscamos los datos que confirman lo que ya creemos. “Y en Argentina, el corrupto siempre es el otro. Quienes votaron a Milei van a encontrar una razón para seguir votándolo. Lo mismo hicieron los que votaron a Cristina”, polemizó.
Así, con un aplauso cerrado, se fue A Todo Trigo 2026, el congreso de cereales y oleaginosas de invierno más convocante e importante de Latinoamérica. Atrás quedaron 1.o00 asistentes presenciales y 2.450 registrados que siguieron el encuentro por el streaming de Agrositio, con productores y técnicos de 9 países y 12 provincias argentinas. ¡Hasta la próxima edición en mayo de 2028!



