El CREA Río Salado, de la región Sudeste, mostró en el Congreso CREA 2025 cómo la colaboración, la diversidad y el aprendizaje compartido fortalecen a las empresas y comunidades que integran la red.
Cuando Juan Cruz Candina decidió sumarse al grupo CREA Río Salado, pensó que no tendría lugar: el grupo ya tenía doce integrantes y su empresa no estaba del todo consolidada. Sin embargo, fue recibido con entusiasmo, y ese momento marcó un punto de inflexión en su historia. “El día que me aceptaron, mi empresa comenzó a cambiar”, relató Candina, hoy presidente del grupo, durante su presentación en el Congreso CREA 2025 realizado en Tecnópolis.
Actualmente, el CREA Río Salado reúne a quince miembros de entre 26 y 85 años y evalúa seguir creciendo. Lo que los distingue no es solo su apertura, sino la curiosidad constante y la valoración de la diversidad como motor de aprendizaje. “Nos permitimos probar cosas nuevas, y el fracaso se entiende como parte del proceso”, explicó Francisco Páez, asesor del grupo, en una charla coordinada por Francisco Mouriño, líder de la Unidad de Metodología y Desarrollo Personal de CREA.
Entre sus miembros hay perfiles muy distintos: una médica veterinaria hija de un trabajador rural que capacitó a más de mil operarios, un empresario que representa a CREA en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), una consignataria de hacienda y un centro de transferencia embrionaria de equinos. También participa Carolina Houssay, quien gerencia dos empresas de grupos CREA y forma parte de la Comisión Directiva nacional.
Candina destacó que las reuniones del grupo reúnen entre 30 y 40 personas, un verdadero desafío logístico que rinde frutos. “En los últimos años realizamos muchos viajes y recibimos a más de 2000 invitados. Cada encuentro nos deja nuevas ideas y perspectivas”, afirmó. En sus veinte años de historia, el CREA Río Salado atravesó crisis y desafíos, pero siempre encontró fortaleza en la red, la amistad y la camaradería.
“El último viaje lo hicimos a Misiones, donde un empresario CREA nos abrió las puertas de su casa para compartir su experiencia en la cadena de la yerba mate. Esa generosidad y conexión son la esencia de esta red”, agregó Candina.
Para Mouriño, el caso del CREA Río Salado resume la potencia de las conexiones humanas: “Así como las neuronas del cerebro son limitadas, pero sus conexiones infinitas, lo mismo ocurre con la red CREA. La red que más valor genera es la que más se usa”.



