Ante el inicio del ciclo triguero, expertos del INTA Marcos Juárez detallan pautas para elegir cultivares. Analizan el ambiente y la sanidad como ejes para maximizar la eficiencia en cada lote.
La elección de las variedades de trigo es el primer paso crítico para asegurar el éxito de la campaña. Según Dionisio Gómez, especialista del INTA Marcos Juárez, no se trata solo de buscar el máximo rendimiento, sino de equilibrar el potencial genético con el perfil sanitario y la calidad, adaptando siempre la estrategia productiva a las características específicas del ambiente de producción.
En zonas con alto potencial productivo, el enfoque suele centrarse exclusivamente en los kilos por hectárea. Sin embargo, en ambientes marginales, la prioridad cambia hacia la economía del sistema. En estos casos, se buscan materiales con mayor biomasa y altura para mejorar la cobertura del suelo y reducir la necesidad de aplicaciones de fungicidas, logrando un cultivo más robusto y eficiente.
El éxito de la cosecha está íntimamente ligado al diagnóstico hídrico previo a la siembra. Conocer la disponibilidad de agua en el perfil del suelo permite estimar el rendimiento potencial y, en consecuencia, diseñar un plan de fertilización adecuado. Gómez recomienda concentrar la nutrición antes de la siembra, reservando las aplicaciones foliares o al voleo únicamente como correcciones ante precipitaciones excepcionales.
Finalmente, el trigo cumple un rol fundamental como mejorador del suelo dentro de la rotación. Su sistema radicular y la biomasa de lenta degradación aportan estructura y cobertura a largo plazo. Con más de 70 variedades disponibles en el mercado, la clave reside en adaptar la estatura y la calidad comercial del grano a la realidad hídrica y tecnológica de cada establecimiento.



